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viernes, 6 de septiembre de 2019

Un rayo de esperanza...

Tengo que reconocer que después de la entrada sobre La Disidencia, había entrado en un periodo de falta total de ideas para publicar. Andaba demasiado decepcionado con la política, con la profesión y con tanta actitud de sorber y soplar.

Lógicamente tengo también que reconocer que quizás he estado demasiado condicionado por la marcha a un nuevo destino de mi medio hermano, amigo, compañero y colega de ensoñaciones Carlos Núñez. Son demasiados años de fatigas, proyectos, conversaciones y más cosas como para que el hueco que deja vacío no se note.  

Los dos llevamos años defendiendo la idea que las organizaciones pueden ser cambiadas desde dentro. Años defendiendo los principios de la #EticaHacker en la gestión. Muchas conferencias y cursos hablando de ese tema, de la necesidad de más presencia enfermera en las políticas y en la política. La última vez lo hicimos en Asturias en las I Jornadas Liderazgo y Gestión y que Teresa Pérez resumió aquí (hoy todo parece premonitorio)

Sin embargo, la realidad siempre nos pegaba en la cara. Cada paso hacia delante costaba un mundo cuando no suponía dar medio para atrás al poco tiempo. Cada adelanto con la prescripción, con la direcciones de unidad o cosas parecidas venia acompañada de la consabida contestación de la parte contraria (que no debería serlo).

Quizás por eso la llegada de #NursingNow y sus objetivos para el 2020, teóricamente según la OMS el año de las enfermeras, me parecieron una mas que interesante palanca para generar un cambio necesario. Una oportunidad para remover las bases de la profesión, generar nuevos liderazgos y dar los pasos necesarios para iniciar la necesaria transformación y modernización de las caras visibles (y decisorias) de la profesión.

Da igual que como dice este artículo, no existan razones objetivas para no reconocer la capacidad de las enfermeras en la alta gestión, España es un país tan particular... y la profesión enfermera está tan condicionada por la mediocridad de sus representantes y esa violencia horizontal tan propia y, a la vez, tan dañina... que lo que era ilusión poco a poco se fue convirtiendo es desesperanza. A cada nombramiento de una enfermera le acompañan una retahíla de comentarios y tuits poniendo en duda su capacidad o sus méritos y automáticamente condicionando ese nombramiento mas a su vinculación política que a su supuesta capacidad. Ya ni valoramos lo que hace unos años seria impensable y llegamos incluso a hablar de solo una enfermera cuando lo lógico es pensar que al menos es una

Y para terminar de arreglarlo, todo el verano viendo fotos de adhesiones a la campaña #NursingNow a la que acompaña habitualmente una pléyade de las viejas glorias de siempre que tan poco ayudan en el momento actual y que, casi sin pensar, se contrapone con la campaña Nightingale Challenge, también de Nursong Now, que pretende justo lo contrario, encontrar y formar nuevos lideres de la profesión.

En fin... que este mes de agosto no me sentía en mi mejor momento ni en el más optimista. 

Afortunadamente, los últimos acontecimientos, de alguna manera, me han ido reconciliando con la profesión, con la política y con el futuro cercano. 

Como comprenderéis, el nombramiento de Carlos Núñez como Subdirector de Enfermería del AGS Norte de Cádiz, pese a la sensación de vacío inicial, supone una enorme sensación de orgullo personal y profesional y, sobre todo, de justicia. Es el reconocimiento (quizás debería haber llegado antes y con un gobierno progresista) al tesón, al esfuerzo y a la demostración práctica de que otra forma de gestionar y tener buenos resultados es posible.

El reciente nombramiento de un troyano reconocido como Raúl Oliván como Director General de Gobierno Abierto e Innovacion Social del Gobierno de Aragón me hizo pensar que, aunque lo de la sociedad del sandwich mixto es una verdad como un templo, aún hay esperanzas... 

Pero lo que me ha terminado de reconciliar ha sido lo ocurrido en Asturias. la renovación y rejuvenecimiento de la consejería de salud con la inclusión de Rafa Cofiño pero, sobre todo, que de un plumazo, no solo una enfermera sino dos han pasado a formar parte de la estructura directiva de la consejeria de salud, con una dirección general, y de la consejeria de derechos sociales y bienestar, con la gerencia del ERA.

Y ya no porque conozca a Ana Suarez y Sergio Vallés y crea que son gente muy capaz, comprometida y solvente, sino porque, al fin, hay enfermeras en puestos de decisión ocupados por enfermeras no solo para enfermeras. Un matiz más que importante.

Estoy seguro que les irá de miedo y qué eso será bueno para todas las enfermeras.

Así que, después de un mes de agosto algo oscuro, comienzo septiembre con algo mas de optimismo. Dejaré de acabar hacia abajo para empezar a ver el camino a seguir...




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jueves, 14 de julio de 2016

El laberinto enfermero del Fauno





Ayer fue un dia muy intenso en redes sociales.

La noticia, publicada en La Opinión de Málaga, de que una enfermera había renunciado a su contrato tras tener una crisis de ansiedad al tener que atender sola a 30 pacientes en su primera noche de trabajo, y que, además, la habían sancionado por ello, generó un enorme revuelo en Facebook (más de 16000 likes solo en la noticia original) y una enorme conversación, con cientos de tuits, retuits e impresiones, en Twitter.

Toda la indignación y la ira señalaron rápidamente al contratante (en este caso el Servicio Andaluz de Salud aunque podría haber sido cualquier otro servicio autonómico de salud).

Se hablaba continuamente de  maltrato, de motivación, de recursos humanos, de compromiso y, como es lógico, de recortes.

Todas las tintas cargaban sobre el mismo sitio...

Partiendo de la base de que no somos sospechosos de defender a nuestra organización cuando hace tropelías, por eso hace poco más de un mes ya comentamos que la cuerda se podía partir en Castillo de Naipes, y sin restar ni un poco de responsabilidad tanto al contratante (el Servicio Andaluz de Salud) como al gestor (en este caso la Dirección de Enfermería del Hospital Clínico de Málaga), que la tienen y mucha al dejar a una enfermera novel asumiendo esa responsabilidad (puede que excesiva) sin sentirse ni estar preparada... creo que quedarnos solo en eso es no ver más allá. Es quedarnos en la espuma sin querer profundizar hasta el verdadero origen de esta situación.

Nos podemos quedar en los recortes, en lo mal que nos tratan a los trabajadores públicos, en la inseguridad para los pacientes, incluso en los injustas que son las sanciones de las bolsas de contratación. La lista puede ser interminable. Pero es quedarnos en la superficie.

Para mí, lo verdaderamente importante es que ni siquiera sabemos a ciencia cierta si 30 pacientes para una sola enfermera en el turno de noche son muchos o pocos, aunque todos tengamos la sensación de que son demasiados. 

Mientras que en los países anglosajones y nórdicos, las enfermeras llevan años estudiando la relación entre complejidad de los cuidados, la organización, las cargas de trabajo o el número de enfermeras con la calidad, la satisfacción, la seguridad del paciente o la mortalidad, nosotros seguimos anclados en plantillas, organigramas y turnos de hace decenios.

De aquel paradigmático artículo de The Lancet que decía que "a menos enfermeras, más mortalidad" ni hablamos. Mientras nuestro vecino Portugal, ese al que a veces consideramos pobre, tiene decreto de plantillas con ratios y un sistema de mentoring establecido, nosotros seguimos planteandonos abrir nuevos hospitales manteniendo las plantillas, los turnos y la estructuras sin tener en cuenta la influencia que puede tener pasar de habitaciones triples a individuales.

Por eso, es muy posible que los enfermeros habituales de la unidad de la noticia lleven años atendiendo a 30 pacientes en los turnos de noche sin que haya apenas trascendido más allá de algún escrito sindical (generalmente provocados por algún hecho puntual y alguna queja personal canalizada de esa manera).

Por tanto, lo verdaderamente importante es preguntarse que han estado haciendo todos estos años nuestros gestores (sobre el papel los más preparados), nuestros docentes universitarios (sobre el papel los que deben preparar a las generaciones futuras) o nuestros investigadores (sobre el papel los que deberían generar las evidencias científicas que sustenten las decisiones de los primeros o los contenidos de los programas formativos de los segundos) para no estemos hablando de las mismas cosas que nuestras compañeras americanas, inglesas o noruegas y para que aun no tengamos ratios consensuados (ya no digamos adecuados a las cargas o a las características de los pacientes) o programas de mentorización para enfermeras noveles (como proponía aquella interesantísima iniciativa "Con L de Enfermería").

En definitiva, volvemos como colectivo a pensar que nuestros males vienen siempre de fuera (la fatalidad, el techo de cristal, las decisiones políticas, la mafia colegial o el complejo de inferioridad patológico, etc...) sin querer nunca admitir nuestra propia cuota de responsabilidad.

Y así, nunca encontraremos la salida a nuestro propio laberinto.




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martes, 21 de junio de 2016

Confundiendo al enemigo


Hemos tenido conocimiento de que, desde algunos despachos de nuestra organización, se ha hecho una lectura parcial y defensiva de la entrevista que hace unos días nos hicieron en un medio local como consecuencia de haber obtenido el premio a la mejor comunicación oral en el último congreso del GNEAUPP.

Desde esos despachos se interpreta que sugerimos que los productos que se adquieren en nuestra organización son de mala calidad. 

Afortunadamente tenemos este espacio para opinar y nuestras opiniones son públicas como para necesitar un medio de prensa convencional. Y sobre ese tema ya hablamos en una entrada publicada en diciembre pasado y en la que decíamos que, si nos dejamos llevar por el precio, muchas veces adquiriremos, aún sin querer, productos de mala calidad que terminarán suponiendo un sobrecoste.

Es tan obvio como decir que un Dacia y un Audi no son iguales y que la diferencia en el precio está en la carrocería, en las ayudas a la conducción, en el equipamiento o en los sistemas de seguridad y que, a la larga, puede que tengas que cambiar de coche antes de tiempo.

Pero bueno, con el fin de clarificar nuestra opinión, y acotándola en el tema de las heridas crónicas, nuestra intención con el trabajo de investigación era desterrar la idea de que comprando productos baratos se ahorra. Al menos, eso no pasa siempre en salud.

Por tanto, llegados a este punto, queremos ir más allá pasando del abstracto concepto de la "eficiencia" para concretar en las 3 medidas que creemos que si supondrían una mejora en los costes globales de la atención a las heridas crónicas.
  1. Potenciar (si existe) o crear la figura de la enfermera consultora o referente en heridas crónicas. Esta es, posiblemente, la práctica avanzada enfermera que menos discusión puede tener y que tiene un largo recorrido con experiencias en varias comunidades autónomas. Además, se enmarcaría perfectamente (porque así viene recogida) en el Plan Integral de Cuidados de Andalucía lo que se podría complementar con el recientemente publicado documento de posicionamiento nº 13 del propio GNEAUPP.
  2. Aumentar los catálogos de productos y tamaños disponibles (en lugar de reducirlos) con el fin de cubrir toda la posible variabilidad clínica de las heridas crónicas creando un único catálogo para todo el SSPA. Los primeros productos a incluir en el catálogo serían aquellos que tienen un mayor consumo mediante recetas ya que su compra centralizada ahorraría el sobrecoste de la venta al detalle en farmacia (al igual que se ha hecho con la subasta de medicamentos). Esto ya lo ha hecho el SERGAS (puedes ver su catálogo aquí) dentro de su iniciativa "Ulceras Fuera" con bastante buen resultado.
  3. Utilizar un sistema de soporte basado en los colores del semáforo como el que se está utilizando en el NHS en la iniciativa "SupplyChain" promovida por el Royal College of Nursing. Una sencillisima iniciativa que, lejos de limitar la oferta de productos, lo que trata es de concienciar a las enfermeras británicas en el uso responsable de los productos (puedes descargarte la guía de uso en este enlace). Mediante este sistema, se puede, por un lado, corresponsabilizar al profesional en el buen uso de los productos disponibles y, por otro lado, establecer criterios de uso de los diferentes productos restringiendo su utilización a situaciones clínicas específicas o, llegado el caso, a la enfermera consultora.


En definitiva, que lo que habría que hacer es aprovechar el conocimiento que tienen los profesionales de base como en las iniciativas que hemos comentado en lugar de hacer lecturas parciales y a la defensiva.

Nosotros nunca hemos ocultado que nuestra intención es hackear el sistema, pero para hacerlo mejor no para destruirlo. En el fondo los que lo destruyen son aquellos que no quieren entender las críticas, las propuestas o los proyectos como constructivos.

Nosotros no somos el enemigo. El enemigo es el que no quiere que nada cambie.


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martes, 23 de febrero de 2016

UNSTOPPABLE


Cuando hace ya unos cuantos años decidimos, en uno de nuestros viajes, convertirnos en Troyanos 2.0 (término que hemos usado muchas veces), nadie nos dijo lo largo y tortuoso que se haría este tránsito.

Lo hemos ido aprendiendo a base de golpes, de fracasos, de estudiar y de sudar. Gran parte de ese tránsito lo hemos ido contando en las más de 200 entradas de este blog.

Una especie de carrera de fondo llena de etapas, de cuestas, de desfallecimientos, de cimas y de descensos, para la que tienes que prepararte y entrenar y que hay que llenar de contenidos y proyectos, como contamos hace poco tiempo en esta entrada.

Una de estas cimas la conquistó ayer Carlos Núñez, infatigable e imprescindible compañero en mi propio tránsito y 50% de este blog, tras defender, por fin, su proyecto para la cobertura mediante convocatoria pública de la plaza de cargo intermedio que lleva ya ocupando año y algo.

Pero la anomalía no está en que lleve año y medio en un puesto que no ha sido cubierto normativamente hasta ahora. La verdadera anomalía es que ha necesitado 4 convocatorias - sí, aunque parezca increíble han sido 4- para poder ser cargo intermedio (algunas de estas convocatorias fallidas las hemos contado aquí)

No han sido 4 convocatorias por un problema curricular. Siempre hemos defendido que para asumir responsabilidades de gestión era necesario formarse. Y así lo hicimos. Es más, posiblemente Carlos sea  el enfermero con el mejor curriculum  del Área de Gestión Sanitaria del Campo de Gibraltar con 2 masters, 2 expertos, 4 capítulos en libros o 4 patentes entre otros méritos. O sea, que por curriculum no era.

Tampoco era un problema de calidad del proyecto de gestión. La formación y la preparación de estos años han hecho que los proyectos presentados fueran excelentes. Y no es una cuestión de dejarse llevar por la amistad. Si alguien tiene alguna duda puede comprobarlo aquí mismo descargándose el proyecto.

Creo que tampoco, aunque aquí soy poco objetivo, ha sido por capacidad para trabajar, gestionar o manejar a su equipo. Este año y medio sirve de medida y son los profesionales a su cargo los que deberían decirlo.

El problema, como ya hemos dicho en alguna ocasión, es que habitualmente se confunde aquello de elegir a los mejores con elegir a los más afines, maleando para ello cualquier proceso, si es que lo hay, confundiendo con mucha facilidad entre compromiso (del inglés Commitment) entendido como encomienda o cometido, con compromiso (del inglés engagement) entendido como fidelidad y obediencia debida . Y no es solo un problema de este área de gestión sino de todo el Servicio Andaluz de Salud (como puedes ver en esta reciente noticia) y me atrevería a decir que de la mayoría de las organizaciones sanitarias públicas de este país.

Lo que subyace de todo esto es aquello que explicaban tan bien hace unos días Iñaki González y Salva Casado con su liderazgo inverso y de cómo se resienten los cimientos de la jerarquía piramidal tradicional.

Pero cada vez somos más los que creemos que la gestión se tiene y se puede hacer de otra manera. Un cambio en el paradigma de cómo se gestionan los recursos y los profesionales. Un cambio organizativo muy grande que, como es de esperar, genera grandes resistencias. Creo que en la presentación del proyecto de Carlos se entiende bastante bien en qué consiste este cambio.


En definitiva, que a la cuarta fue la vencida... que tenemos un nuevo troyano con papeles en regla.

El cambio es imparable.


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miércoles, 2 de diciembre de 2015

des-FLOR-ecer


Hace algo más de dos años tuvimos la "disparatada" idea de montar una unidad de innovación, pero como ni tenemos las virtudes de Julio Mayol, ni su flor en el culo, nuestra idea fue un total fracaso como ya contamos aquí.

Sin embargo, una de las pocas cosas que sacamos de aquella locura fue conocer, en uno de los Seminarios de Innovación "Innovando en Jueves", a los responsables de la empresa Tecnova, desarrolladora del módulo de cuidados de nuestra historia digital y también de una herramienta para la gestión de RRHH que no conocíamos: Flor.

Comoquiera que nosotros andábamos buscando una herramienta similar (habíamos hablado con los chavales de Aturnos pero poco más), conocer que existía algo así e integrado en nuestro sistema fue una grata sorpresa. Que fue más grande aún al saber que su herramienta ya funcionaba en nuestra organización (la tenían el hospital Reina Sofía para enfermería y la empresa pública Hospital de Poniente para todo el personal), y no solo en el SAS, sino también en todo Canarias (para todo el personal y todos los niveles asistenciales) y en Albacete.

Por eso tratamos de llegar a algún acuerdo con Tecnova. Nos plantamos en Córdoba, nos hicieron una presentación en la que participó el gran Joaquín Toro, nos quedamos prendados y... lo conseguimos.

Llegamos al acuerdo de pilotar una versión mejorada de Flor (Flor v2) durante 1 año en algunas unidades de nuestro hospital y seguir viendo cómo podríamos colaborar. La herramienta no solo nos gustó sino que nos encantó. Incluso presentamos una comunicación en las 25 Jornadas de ANDE.

Por eso mismo, al acabar el pilotaje y presentar el correspondiente informe en el que detallábamos las virtudes de Flor con respecto a la situación previa, le propusimos a la gerencia adquirir Flor para todo el Área de Gestión y poder seguir así usando la herramienta y colaborando con Tecnova.

La respuesta fue la esperada. Pese a que el precio no era tan alto, no era considerado prioritario ni por la gerencia ni por la dirección de enfermería.

Aún así, Tecnova se ofreció a dejarnos la aplicación para que la estrujáramos y propusiéramos nuevas líneas de mejora.

En estos dos años de pilotaje y postpilotaje, hemos presentado alguna comunicación, hemos participado en el pilotaje de dos apps (para trabajadores y gestores), hemos hecho propuestas de mejora, hemos hablado con muchas personas sobre Flor, incluida la Estrategia de Cuidados y, sobre todo, hemos aprendido a usar la herramienta.

Tanto nos gustó que incluso le propusimos a Tecnova colaborar en un proyecto de investigación para evaluar las cargas de trabajo utilizando su herramienta para visualizar los resultados. Este proyecto serviría para financiar Flor durante un año más.

Sin embargo, hoy hemos tenido una reunión con el gerente y la dirección de enfermería al completo, de esas que se convocan por una secretaria y sin orden del día, en la que nos han comunicado que ya no podremos usar Flor por más tiempo (aunque el acuerdo de desarrollo con Tecnova siga en pie y estemos buscando financiación para el proyecto de investigación). Tendremos inexorablemente que volver a las hojas de cálculo mensuales (en herramientas open office -con sus limitaciones- o en un famoso paquete ofimático convenientemente crackeado)

Las razones esgrimidas, por repetidas mentalmente, no dejan de ser sorprendentes (por no utilizar otro calificativo): No es la herramienta corporativa (como si hubiera alguna), en otros sitios no lo tienen y por algo será, etc... Algo así como un "siempre se ha hecho así..." pero en la gestión, aderezado con frases como: "no queremos un Ferrari prestado si no podemos pagarlo y nos va bien con el Seiscientos" o "si en el resto de Andalucía funcionan con hojas de cálculo, por qué vamos a ser nosotros diferentes". 

En definitiva, un esperpento de estrechez de miras por el que en enero tendremos que dejar una herramienta potentísima (y cedida durante un año más) para volver al lápiz, la goma y la hoja de cálculo llena de tachones. Ah!! Y las enfermeras ya no verán sus turnos en el ordenador... volverán a verlo solo en el tablón de planta.

Como si nos quitaran la tele por cable y volviéramos a la televisión en blanco y negro.

Lo peor no son las peregrinas razones que nos han dado para tomar la decisión, que cada cual ponga los calificativos que quiera,  sino el trasfondo de la decisión en sí misma. 

El problema no es que la gerencia no quiera adquirir la herramienta, sino que la dirección de enfermería (al completo), pese a que se "harta" de hablar de que hay que gestionar más cuidados y hacer menos planillas, no ve la necesidad de ir un poco más allá de lo que siempre se ha hecho, infravalorando el trabajo en red, la transparencia, la eficiencia o la satisfacción de los profesionales.

El gran problema es que gran parte de la enfermería (nuestra dirección también y sobre todo) está cómoda en esa "rancia" zona de confort y no tiene necesidad ni voluntad alguna de asumir riesgos... lo que, por si solo, denota un miedo atávico a abandonar esa plácida e inmovilista zona rechazando cualquier innovación por buena que ésta sea y aunque ésta suponga una enorme mejora para las organizaciones, para los profesionales y, sobre todo, para la propia enfermería.

Así como para pensar que algún día daremos un paso adelante como profesión.



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martes, 20 de octubre de 2015

PFFFFFFFF



Hace unos meses, el gran Martín Rodriguez Álvaro, director y lethal fustigator de la Revista de Enfermería ENE, publicaba una colaboración en el blog Cuidando.es titulada Cofia, Red y #EnfermeríaVisible.

En esta genial e imprescindible entrada, analizaba la situación actual de la enfermería española y cómo, según su opinión, todo el movimiento 2.0 no es más que fuego de artificio si éste no se convierte en nada concreto.

Un buen zarandeo a los que llevamos mucho en esto de las redes sociales. Un buen meneo a los que creen que desde el portátil se puede cambiar el mundo. Una buena ración de realidad para que nos dejáramos de quijotestas intenciones y pasáramos a la acción.

Cosas del destino, apenas unos meses después de aquella entrada, muchas cosas han empezado a concretarse y muchas de las enfermeras que durante años se han mojado, se han implicado y se han expuesto en redes sociales, empiezan a ver frutos a tanto esfuerzo y dedicación.

Por eso no podemos más que dar la enhorabuena a aquellos que en estas semanas han dado un salto profesional que seguro que también lo será para la profesión. 

Porque estamos seguros de que el nombramiento de Alberto González (editor del blog Gestión de Enfermería) como director de Enfermería del Hospital Son Espases, el nombramiento de Joaquin Toro Santiago (hasta ahora Supervisor en la UCI Pediátrica del Hospital Reina Sofía y editor del blog PediaCórdoba) como Responsable de Formación y Gestión del Conocimiento de todo el hospital, el nombramiento de Serafín Fernández (cocreador de La Factoría Cuidando) como coordinador y CM de la Red de Cuidados de Andalucía - PiCuida y el nombramiento de Rosa Mª Nieto (editora del blog La Mirada Enfermera) como Subdirectora de Enfermería del Complejo Hospitalario Universitario de Granada, son el punto de inflexión para empezar a poner sobre la mesa las 19 medidas que Martín esgrimía en su entrada.

Y lo mejor, que vienen a sumarse a los que ya llevan unos años en tareas de gestión y asumiendo responsabilidades y que en más de una ocasión hemos nombrado en este blog.

Tantas conversaciones con ellos, tantas cosas e ilusiones en común, tantos proyectos y documentos colaborativos, tantas frustraciones compartidas, tantas ideas por desarrollar, tanto por hacer y deshacer... que su nombramiento ha sido como si nos hubiera tocado La Primitiva.

Y claro, como en el fantástico anuncio, no podemos decir más que PFFFFFFFF.


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miércoles, 22 de julio de 2015

La semántica en las organizaciones


Hace unos dias, con motivo del anuncio de la publicación de la resolución del Ministerio de Sanidad que equipará los títulos de diplomado con el grado (podeis leer más en esta fantástica entrada de Salva Meijome) los amigos de Cuidando publicaron este post hablando de la importancia de huir de tanto acrónimo para definirnos simplemente como enfermeras.

Obviamente estamos totalmente de acuerdo con el cuerpo de esa entrada... allí donde vamos nos denominamos enfermeras; pero queremos ir más allá. 

Pensamos que la forma en la que nos denominamos puede tener más trascendencia de lo que pensamos. Más allá del simple acrónimo o denominación genérica, la semántica puede tener su aquel.

Creemos que unir enfermeria a todo lo que hacemos generando un terreno propio en lo clínico, en lo académico o en la gestión, en el fondo no nos ha hecho bien. 

Durante muchos años hemos tratado (nosotros también hemos participado) de hacer discriminación positiva tratando de que la palabra enfermería apareciera de forma independiente en casi todo lo que tenia que ver con lo que hacíamos en nuestras organizaciones.

Le pusimos enfermería a nuestros diagnósticos cuando ya había diagnósticos, le pusimos enfermería a muchas técnicas cuando muchas de ellas ya existían, le pusimos enfermería a la prescripción, a los cargos de gestión, a los cursos... a todo lo que pudimos defendiendo un territorio que considerábamos propio.

Pero llegados a este punto, puede ser que nos hayamos pasado de rosca en esa discriminación positiva.

En todo este tránsito nadie cayó en la cuenta de que, lo mismo, lo primero que habría que haber hecho es darle un sentido distinto a la palabra enfermería haciéndola importante antes de ponerla detrás de todo. 

Es indudable que pese a nuestros esfuerzos, en el subconsciente de los pacientes, de los médicos, de los gestores y, lo que es peor, de nosotros mismos, por una cosa que se llama semántica cognitiva, enfermería es una palabra de menor rango que medicina por aquello de que su lexema es enfermedad.

Y es posible que ahí estén muchos de nuestros problemas actuales y de desarrollo futuro. Incluso del origen de esa violencia horizontal que tanto nos atenaza.

Mientras no cambiemos esto, mientras nuestros representantes: colegios, sindicato de clase o insignes gerifaltes de la gestión sigan insistiendo en ponerle enfermería a todo lo nuevo que haya por hacer, no tendremos un suelo lo suficientemente firme donde pisar para presentar batalla como nos reclamaba Juan F. Hernández en esta magnifica entrada.

Mientras no le demos valor a la palabra enfermería (puede que el gran secreto de la enfermería canadiense y de Doris Grinspun esté ahí) solo abriremos nuevos frentes en una batalla eterna.

Da igual que las propuestas de desarrollo profesional vengan de cualquier blog enfermero, de Avances en Gestión Clínica, de Salud con Cosas, de Enfermería frente al Espejo, de este blog, de KevinMD o del mismísimo Rafael Bengoa, seguiremos perdiendo la batalla de la gestión clínica, nuestros supervisores seguirán sin ser reconocidos ni cobrar las guardias (ser jefe de la guardia ni lo hablamos), la prescripción que haga la enfermera siempre será de segunda (porque prescribir apósitos y pañales es un salto pero es de segunda), las prácticas avanzadas solo serán una utopía o un arabesco lateral, seremos los más recortados en periodos de crisis... y así hasta el infinito.

Puede que este post suene muy poco corporativo, muy poco enfermero... pero es lo que tiene pensar en voz alta. O lo mismo solo es el tinto de verano ;))


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lunes, 27 de abril de 2015

Another day in Paradise


Aquellos que nos siguen, nos leen y, en alguna ocasión, nos escuchan en directo en los sitios donde nos invitan a hablar, saben que nuestro principal "mantra" es que no nos queda otra que mojarnos y tratar de cambiar las cosas que no funcionan bien. 

Eso que en su día Carlos denominó acertadamente #EnfermerActivismo.

A lo largo de los casi 5 años de existencia de este blog hemos ido mezclando pensamientos con muchas de las vicisitudes que hemos ido pasando en este empeño.

Proyectos que terminan en fracaso, convocatorias públicas que se anulan al participar nosotros, reuniones rocambolescas y un largo etcétera.

Es cierto que hace unos meses tuvimos un momento de desfallecimiento. Tratar de cambiar el sistema desde dentro no es sencillo. Pero solo fue eso... un pequeño desfallecimiento después de meses, años de esfuerzo para tratar de mover al titán que son las organizaciones sanitarias.

Afortunadamente no lo hicimos y seguimos a diario al pie del cañon tratando de hackear el sistema.

Y estar al pie del cañón, significa tratar de demostrar con nuestro trabajo diario (ahora desde la gestión de medio pelo) que las cosas se pueden hacer de otro modo. En ello ponemos mucho empeño y esfuerzo... de ahí el tremendo mosqueo de enero.

Pero también significa que, cada vez que tenemos oportunidad, intentamos poner a la organización y, sobre todo, a los que la manejan, en un brete. Tratamos de obligarla a cambiar el paso... a cambiar esa inercia perniciosa que nos lleva inexorablemente al "siempre se ha hecho así".

Por eso, cuando ayer leimos el tuit de Rogelio García, esbozamos una sonrisa. 



Es posible que en el momento que estés leyendo esta entrada, estemos defendiendo nuestro proyecto en un proceso selectivo para elegir un nuevo Jefe de Bloque de Apoyo a la Gestión de los Cuidados llevado con nocturnidad y en el más absoluto silencio por aquellos que pretender seguir haciendo las cosas como siempre se han hecho.

Y estaremos participando desde el convencimiento de que, aún perdiendo (que es lo más previsible dado como se cuecen las cosas en palacio) ,ya hemos ganado.

Porque como bien me dice Celia Rivera Capilla cada vez que tiene oportunidad, las organizaciones son personas y es a estas personas a las que hay que demostrarle a diario que las cosas se pueden y se deben hacer de otro modo.

PD: Las dos personas mencionadas en esta entrada, Rogelio y Celia, son esa nueva especie de directivos enfermeros (afortunadamente cada vez hay más) que nos permiten albergar la esperanza de un futuro mejor. 



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lunes, 2 de junio de 2014

Un tonto a las 3

No suelo creer en las casualidades, aunque las haya.

Por eso no creo que, en la misma semana en la conocemos el video Here´s to Nurses hecho por una editorial como Elsevier


o en la que un medio de comunicación nacional como El Mundo se marca un artículo valiente en el que se plantea, con una aplastante sensatez, que en España hay demasiados médicos y que el papel de la enfermería debería ser más relevante, nos encontremos que Redacción Médica saca una noticia con el titular "Enfermería no puede liderar la Gestión Clínica".

Lógicamente el debate en las redes sociales ha sido intenso y, como en otras ocasiones, ha terminado en vía muerta. Cuando dos no se quieren poner de acuerdo no hay manera.


Pero vamos al artículo en cuestión. Aunque como suelen decir Martín o José Luis, estas afirmaciones suenan caducas, anacrónicas y a debate amortizado, no podemos dejar pasar la primera línea del artículo, esa que supuestamente dice Francisco Miralles, secretario general de la CESM

“un profesional con un rango inferior no puede estar por encima en una estructura jerarquizada”

Prefiero pensar que la razón de este desatino es que el Sr. Miralles hace años que no pisa un centro de salud o un centro hospitalario y en su último contacto con una enfermera, ésta llevaba faldita, cofia, le colgó la bata y le puso un café. Lo mismo no ha conocido a ninguna enfermera doctora, ninguna enfermera con un par de másters, ninguna enfermera investigadora, ninguna enfermera que dirija una UGC (en Andalucía hay cientos) o ninguna gerente (oh! Dios... qué sacrilegio!)

Bueno, también puede ser que no sepa realmente que es una UGC y en qué consiste el cambio de modelo en cuanto a horizontalización y potenciación del clínico. O lo mismo es que lo sabe tan bien que sabe que el problema no es tanto de médicos o enfermeras sino de una profunda modificación del status quo del que las organizaciones sindicales (sobre todo las corporativas como la suya) son parte importante. Lo mismo lo que no quiere es que las organizaciones sanitarias se atomicen, que desaparezcan los corporativismos que permiten que ciertas élites entren a las 9 y salgan a las 2 o que su labor ya no se pueda justificar con reuniones intrascendentes con el director médico de cada centro.

Aunque también tenemos una tercera opción, una mucho más simple. Una que traslada el problema a los afiliados al CESM Lo mismo solo es un tonto a las 3. 

Espero que no sea la tercera opción.


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lunes, 14 de abril de 2014

La realidad supera a la ficción


Hace mucho tiempo que queríamos hacerlo y hoy va a ser el día. Hoy vamos a publicar un post al estilo del Blog de Pilidorita: Una película, un disco y un libro serán los protagonistas del post.

La película es "Las Amistades Peligrosas", una oscarizada película de los ochenta que suponemos casi todos hemos visto y que cuenta de forma magistral las intrigas y ambiciones de la nobleza de una Francia decadente y prerevolucionaria.

El disco elegido es la "Banda Sonora de la película Four Rooms", una película loca y coral, dividida en 4 partes, cada una dirigida por un director diferente (para nosotros una de las mejores películas de Tarantino), en la que el protagonismo lo tienen la ironía, las relaciones personales y el caos continuo y que se representa perfectamente en la música elegida.

Para terminar, el libro elegido es "La Casa de Dios", un libro escrito en los setenta por Samuel Shem, médico y escritor, que narra, de la manera más negra, surrealista, ácida y mordaz, cómo es la vida de un médico residente en un hospital de renombre pero que esconde en sus pasillos toda la crudeza de la vida misma en forma de muerte, sexo y depravación y donde el paciente, pese a lo que se pueda decir, nunca es el centro.

Y por qué hacer un post así. Pues porque la mezcla de estas tres partes, en diferentes proporciones nunca iguales y siempre dependientes de cómo se han levantado ese día sus profesionales, son la realidad de un hospital comarcal como el nuestro. Una mezcla de intrigas palaciegas y abyectos intereses personales (como en la película), de caos y desastres contínuos (como en la película de la banda sonora) y de imagen social distorsionada que nada tiene que ver con la que creemos proyectar (como tan crudamente se describe en el libro).

O sea, que queda mucho que hacer... hará falta un poco de suerte.



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martes, 18 de marzo de 2014

100 dias


Soy de los que piensan que a todos aquellos que asumen alguna responsabilidad hay que evaluarlos de forma continua en función de los logros asociados a un proyecto de gestión concreto, pero respetando la vieja cortesía de los primeros 100 días de adaptación.

En mi caso acaban de pasar esos primeros 100 días.

Sobre como lo he hecho en estos primeros 100 días tendrán que opinar las 32 personas de las que soy responsable, el resto de profesionales de otras categorías con los que me relaciono a diario, mis nuevos compañeros y mis jefes. No soy ajeno a que, como cuentan en el blog de Gestión de Enfermería, pueda ser (y lo soy) motivo de corrillos y comentarios de pasillo. Mientras ellos buscan la vía (y mira que hay) de decir cómo lo he hecho (me encantaría que lo hicieran en forma de comentarios en este post :P), voy a aprovechar para contar mis sensaciones.

La primera sensación es que tengo menos tiempo y, sobre todo, tengo menos tiempo para todo lo que era añadido a mi profesión y a mi familia. Por eso estoy menos presente en redes sociales y en los recientes debates abiertos en la red, a los que no soy ajeno y a los que asisto ahora más como observador. Puede parecer increíble, pero tras 15 años en un turno rotatorio, aún no me he acostumbrado a hacer compatibles mis nuevos horarios con mis responsabilidades familiares (que como dijo en su día el gran Serafín, están antes que todo lo demás) como para poder tener tiempo suficiente para llevar el ritmo que llevaba antes. El cambio de horario también me ha hecho separarme del que ha sido mi 50% en los últimos 10 años y, como es lógico, la sinergia que teníamos también se ha resentido... aunque la recanalizaremos porque coincidíamos en muchas más cosas además de en horario.

La segunda sensación es que se ha reafirmado mucho de lo que pensaba antes de asumir mi nueva responsabilidad. Pensaba que había mucho por hacer y ahora, después de estos 100 días, creo que aún hay más cosas por hacer. No solo desde el punto de vista del trabajo diario sino que lo más importante por hacer se encuentra en las nuevas formas de gestión, en repensar flujos y dinámicas de trabajo. En definitiva, en transformar la cultura de las organizaciones. Muchas de mis sensaciones se explican muy bien en este artículo de Journal of Nursing Management. Lo mismo más una cuestión de que los de la Generación X nos hemos hecho mayores más que otra cosa.

Y el mucho por hacer no lo circunscribo solo a mi hospital o mi área (donde hay mil cosas por hacer), los últimos acontecimientos en torno al Consejo General de Enfermería, las movidas sobre el Grado y los últimos cambios en la estructura organizativa del Servicio Andaluz de Salud, me reafirman en la idea de que la enfermería española está viviendo una segunda transición (aunque el grueso de la profesión no sea consciente o lo viva de forma doliente) que requerirá que los más inquietos y los más preparados asuman un rol mucho más activo. Y reafirmo aquello que le pedí a la Consejera en uno de los últimos post, que hable con las enfermeras... por ellas pasa el futuro del que será el nuevo modelo sanitario español.

Y la tercera sensación es que es desde dentro desde donde se pueden cambiar las cosas. Estos primeros cien días han reafirmado la idea de que la mejor forma de cambiar las organizaciones no es como troyano 2.0 (ya lo dijimos en junio). Inviertes mucho tiempo, mucho esfuerzo y pones mucha ilusión para terminar chocándote una y otra vez con las mismas piedras. Las actuales estructuras organizativas, como bien cuenta este post, no gestionan nada bien el talento (eso no quiere decir que yo sea muy talentoso). Para poder cambiar las organizaciones hay que convertirse en agentes de cambio y, para tener éxito, hay que estar donde se toman las decisiones como gestor del cambio.

Sea como fuere, prometo que todo esto no se quedará en solo estos 100 días. Los que me conocen bien saben que he sido programado (mi santa madre me hizo así) para ser un agente de cambio, un enfermerActivista.

Aunque interaccione menos, comente menos o publique menos (poco a poco volveré a coger el ritmo) seguiré diciendo alto y claro, y allí donde corresponda, qué es lo que me gusta y lo que no me gusta.


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