martes, 18 de marzo de 2014

100 dias


Soy de los que piensan que a todos aquellos que asumen alguna responsabilidad hay que evaluarlos de forma continua en función de los logros asociados a un proyecto de gestión concreto, pero respetando la vieja cortesía de los primeros 100 días de adaptación.

En mi caso acaban de pasar esos primeros 100 días.

Sobre como lo he hecho en estos primeros 100 días tendrán que opinar las 32 personas de las que soy responsable, el resto de profesionales de otras categorías con los que me relaciono a diario, mis nuevos compañeros y mis jefes. No soy ajeno a que, como cuentan en el blog de Gestión de Enfermería, pueda ser (y lo soy) motivo de corrillos y comentarios de pasillo. Mientras ellos buscan la vía (y mira que hay) de decir cómo lo he hecho (me encantaría que lo hicieran en forma de comentarios en este post :P), voy a aprovechar para contar mis sensaciones.

La primera sensación es que tengo menos tiempo y, sobre todo, tengo menos tiempo para todo lo que era añadido a mi profesión y a mi familia. Por eso estoy menos presente en redes sociales y en los recientes debates abiertos en la red, a los que no soy ajeno y a los que asisto ahora más como observador. Puede parecer increíble, pero tras 15 años en un turno rotatorio, aún no me he acostumbrado a hacer compatibles mis nuevos horarios con mis responsabilidades familiares (que como dijo en su día el gran Serafín, están antes que todo lo demás) como para poder tener tiempo suficiente para llevar el ritmo que llevaba antes. El cambio de horario también me ha hecho separarme del que ha sido mi 50% en los últimos 10 años y, como es lógico, la sinergia que teníamos también se ha resentido... aunque la recanalizaremos porque coincidíamos en muchas más cosas además de en horario.

La segunda sensación es que se ha reafirmado mucho de lo que pensaba antes de asumir mi nueva responsabilidad. Pensaba que había mucho por hacer y ahora, después de estos 100 días, creo que aún hay más cosas por hacer. No solo desde el punto de vista del trabajo diario sino que lo más importante por hacer se encuentra en las nuevas formas de gestión, en repensar flujos y dinámicas de trabajo. En definitiva, en transformar la cultura de las organizaciones. Muchas de mis sensaciones se explican muy bien en este artículo de Journal of Nursing Management. Lo mismo más una cuestión de que los de la Generación X nos hemos hecho mayores más que otra cosa.

Y el mucho por hacer no lo circunscribo solo a mi hospital o mi área (donde hay mil cosas por hacer), los últimos acontecimientos en torno al Consejo General de Enfermería, las movidas sobre el Grado y los últimos cambios en la estructura organizativa del Servicio Andaluz de Salud, me reafirman en la idea de que la enfermería española está viviendo una segunda transición (aunque el grueso de la profesión no sea consciente o lo viva de forma doliente) que requerirá que los más inquietos y los más preparados asuman un rol mucho más activo. Y reafirmo aquello que le pedí a la Consejera en uno de los últimos post, que hable con las enfermeras... por ellas pasa el futuro del que será el nuevo modelo sanitario español.

Y la tercera sensación es que es desde dentro desde donde se pueden cambiar las cosas. Estos primeros cien días han reafirmado la idea de que la mejor forma de cambiar las organizaciones no es como troyano 2.0 (ya lo dijimos en junio). Inviertes mucho tiempo, mucho esfuerzo y pones mucha ilusión para terminar chocándote una y otra vez con las mismas piedras. Las actuales estructuras organizativas, como bien cuenta este post, no gestionan nada bien el talento (eso no quiere decir que yo sea muy talentoso). Para poder cambiar las organizaciones hay que convertirse en agentes de cambio y, para tener éxito, hay que estar donde se toman las decisiones como gestor del cambio.

Sea como fuere, prometo que todo esto no se quedará en solo estos 100 días. Los que me conocen bien saben que he sido programado (mi santa madre me hizo así) para ser un agente de cambio, un enfermerActivista.

Aunque interaccione menos, comente menos o publique menos (poco a poco volveré a coger el ritmo) seguiré diciendo alto y claro, y allí donde corresponda, qué es lo que me gusta y lo que no me gusta.


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