domingo, 10 de mayo de 2020

El dia de mañana. Por diez años más



Este mes el blog cumple 10 años. Lo normal es que esta entrada sirviera para hacer un resumen de lo publicado, más de 250 entradas, estos años.

Pero en la situación de pandemia que estamos viviendo, creo que es más lógico pensar en el futuro.

No pretende ser esta una entrada para hablar de como se ha gestionado la pandemia porque aquí hay una controversia tremenda y hay quién piensa que todo ha sido un desastre, quién piensa que no se ha hecho tan mal o incluso quién opina que se ha hecho acertadamente.

Ese es un debate que habrá que tener cuando haya distancia suficiente como para tener elementos de juicio y comparación con nuestro entorno aunque es posible que todo haya sido una concatenación de errores como explica Rafael Bengoa en este artículo.

Prefiero hablar y opinar sobre lo que esta por venir. Por que independientemente de como se haya gestionado esta crisis mundial, lo que queda meridianamente claro es que nada debería ser como antes y todos deberíamos tratar de aprender algo de esta crisis para cambiar aquello que manifiestamente no ha funcionado bien.

Lógicamente la lista podría ser muy amplia en función de a quién le preguntemos pero voy a quedarme con 3 aspectos que, creo, con los mas importantes. 

Sanitarios Infectados
Ninguna de los aspectos posteriores son importantes si no evaluamos antes de nada el por qué del número tan alto de sanitarios infectados. Obviamente y digan lo que digan, una parte importante de los sanitarios infectados es debida a la escasez de EPIs. 

Pero seria simplista quedarnos en eso. Creo que se han dado dos factores que juntos han provocado esta situación. 

Por un lado la forma en la que cada centro ha gestionado la oferta de los equipos de protección. El miedo al desabastecimiento por un modelo basado en ahorrar reduciendo los stocks disponibles y una red logística más que mejorable ha provocado que en algunos centros hubiera más EPIs almacenadas y guardadas que a disposición de los profesionales. Las imágenes de enfermeras haciéndose batas con bolsas de basura mientras en algunos almacenes había batas es tercermundista. 

Pero por otro lado, ha sido trascendental la existencia de plantillas muy justas, cuando no exiguas, que no permitan que los profesionales pudieran ponerse en cuarentena ante la mas mínima sospecha ante la posibilidad de que el sistema quebrara por falta de personal. Este es el momento de reclamar plantillas más amplias y adaptadas a las nuevas realidades. Tener enfermeras ociosas puede ser un sobrecoste para algunos en el corto plazo pero claramente es necesario para mejorar la calidad de la atención sanitaria. 

No me cansaré de decirlo, hacen falta más enfermeras. 

Obviamente no es cuestión de tener más por tenerlas sin saber para qué como nos dicen Azucena Santillán y Enrique Castro en este artículo, pero si esta claro que hacen falta más de las que hay, sobre todo en algunos territorios. Cuando haya más enfermeras ya hablaremos de nuevos roles y de más presencia en órganos de decisión que es algo pendiente desde hace años.

Cambio de Modelo
Muchos llevamos años hablando de la necesidad de cambiar el modelo sanitario para acercarlo a la realidad social del país. Años hablando de nuevas formas de gestión, nuevas formas de organización y nuevas formas de atención. 

Obviamente reforzar lo público del sistema es lo más necesario. La fragmentación solo ha traído malos resultados. Solo hay que ver los datos. pero eso es muy obvio.

Quizás sea esta la oportunidad, como nos cuentan en esta entrada, para empezar a hacer una Sanidad Diferente para una Sociedad Diferente. Y ese cambio pasa por muchas cosas, pero fundamentalmente por mejorar la capacidad de respuesta del sistema ante los nuevos retos. Este artículo de la Asociación de Economía y Salud da algunas claves de hacia dónde tenemos que ir. Y dentro de él me quedo con 3 aspectos. 

Por un lado, el cambio de modelo debe llevar aparejado un cambio en el modelo de gestión, de eso saben mucho la gente de Corporate Rebels y en este artículo David Font da algunas pistas. 

Por otro lado, ya sabemos que se puede teletrabajar en salud, Si, se puede usar la red y la telemedicina para mejorar las condiciones de salud de la gente. Hace unos años, a los que defendíamos esta idea nos llamaban locos. Hoy esta claro que el sistema no se rompe si parte de la actividad no es presencial y que parte del cambio pasa por ahí. Este artículo de  Frederic Llordachs es de lectura obligatoria. 

El último, y no por ello menos importante, es el rol que la Atención Primaria debe tener en el nuevo modelo sanitario. La mayoría de las noticias durante la pandemia han sido igual de hospitalocentristas que el propio sistema y, como en la realidad prepandemia, la primaria ha sido la hermana pobre. Así que creo que no es cuestión de reforzarla, ni siquiera de reinventarla, sino de adaptarla y darle el espacio que merece en el nuevo modelo. Hay muchos otros que saben mucho mas que yo sobre el papel que debería jugar la Atención Primaria a futuro, me quedo con este artículo en Avances en Gestión Clínica.

Atención Sociosanitaria
Mucho se está hablando de los sucedido en las residencias de mayores. Las altas tasas de mortalidad, la enorme fragmentación y diferencia en los modelos de gestión de cada comunidad y cada residencia (en función de la concesionaria correspondiente) por no hablar también de la desconexión con el sistema sanitario o la deshumanización del modelo residencial.

Esta claro que el modelo de cuidados a mayores y dependientes no estaba preparado. Posiblemente nada lo estaba pero no por ello no vamos a tratar de cambiar a mejor aquello que manifiestamente ha funcionado mal.

Hay quien propone sanitarizar las residencias como  este artículo, pero no me parece suficiente. El cambio de modelo de residencias que proponen en este otro artículo tampoco me lo parece. Tampoco creo que sea cuestión de reconvertir ahora todas las residencias a la red pública sin tener una estructura para ello.

Quizás sea el momento de hacer algo más a futuro, algo más global y acorde a la nueva realidad sociológica del país. Como proponen en este artículo británico publicado recientemente en el British Medical Journal, quizás ha llegado el momento de integrar en un único sistema el sistema nacional de salud y la red de atención sociosanitaria. Quizás sea el momento de darle una vuelta a todo y darle un nuevo contenido al ministerio. La Ley General de Sanidad es del año 1986 y quizás ha llegado el momento de darle una vueltecita y hacer que tanto ésta como la Ley de Dependencia converjan en un único marco regulatorio que se aprovecharía de los cambios que se han descrito antes.

Y eso es todo amigos. Disculpad si la entrada ha quedado algo larga pero creo que el cumpleaños y el contexto lo merecen.

Llevamos diez años comentando y proponiendo cosas para mejorar el sistema sanitario y en esta crisis global no íbamos a ser distintos. Por diez años más.



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jueves, 30 de abril de 2020

Las marcas de la Pandemia



Todas las situaciones vitales o trascendentes dejan marcas imborrables en las personas que las viven. Y esta pandemia, por su carácter global, desconocido y especialmente beligerante con quién menos te lo esperas no es, lógicamente, una excepción.

A pesar de mis largos años de experiencia como enfermera, la situación en la que nos encontramos y las consecuencias en la esfera personal de los que la sufren, la temen o la tratan no puede más que evocarme escenas de películas y series de tintes apocalípticos, situaciones que marcarán un antes y un después en nuestras vidas.

En nuestra particular experiencia de esta distopía en el hospital, se representan todas las contingencias, todas las posibilidades expresadas de diferentes modos.

Por un lado, tenemos a los que están en las trincheras, al pie del cañón en las urgencias hospitalarias. Los profesionales que trabajan en este servicio están dando todo lo mejor de ellos, en un cóctel que mezcla el miedo irracional a lo desconocido y a la posibilidad de llevar la enfermedad a sus casas y la responsabilidad asociada al deber, a la vocación de servicio público. No en pocas ocasiones, este maldito enemigo invisible contra el que estamos luchando desde hace poco, y a la vez demasiado, tiempo, coge a alguno desprevenido. 

Un pequeño descuido, un despiste, un momento de relajación en el que la mente te lleva a pensar que nada de esto está pasando, te pone en riesgo. Esta enfermedad es así de malvada, casi siempre viene camuflada. No hay paciente tipo y cualquiera puede ser el origen de una explosión de casos. Pero, a pesar de todo, son profesionales acostumbrados a estar en primera línea de fuego, a no decaer nunca y a tener siempre a un compañero en el que apoyarse. 

En las siguientes líneas de defensa hospitalaria las cosas no son muy distintas. Cambias la inseguridad de no saber por dónde puede sorprenderte esta enfermedad a entornos donde tienes la seguridad de que el virus es parte del ambiente. Las unidades Covid y las UCIs son el territorio Chernóbil de la vieja Europa. Los profesionales van más preparados, tienen las EPIs adecuadas, cuando las tienen claro, pero nada es capaz de compensar la sensación de miedo a una enfermedad desconocida que lo mismo permite que viva una persona pluripatológica de más de ochenta años que termina llevando con Caronte a un joven deportista de apenas cuarenta años. 

El resto del hospital no se escapa a esa sensación irracional de miedo a lo desconocido y a la vez a lo que tienes la profunda sensación que puede acabar con tu vida o con la de los tuyos. Pasillos cargados de mascarillas de todo tipo, sirvan o no, sean las que estén indicadas por los protocolos o las que te ha regalado tu familiar o tu amigo que trabaja en la industria petroquímica. 

Pero si los profesionales lo están pasando mal y están viéndose obligados a cambiar rutinas, procedimientos y protocolos, los grandes afectados son los pacientes y sus familias. La soledad, la incertidumbre y el silencio son sus grandes losas de preocupación.

Tras todas esas mascarillas, las batas, los monos y las gafas de protección, siempre hay una sonrisa espontánea que no se ve, una mueca que sirve instintivamente para tratar de compensar el miedo que sentimos en los ojos de los pacientes. Miedo cuando llegan y se les informa de la posibilidad de tener la temida enfermedad.

Igual que, pese a los dos pares de guantes, siempre hay una mano a la que pueden agarrarse fuertemente, en ese momento el mayor de nuestros tesoros, el contacto, cargado de capas y protección, pero contacto, al fin y al cabo.

Y también una palabra de ánimo y alivio, un simple “No te preocupes” que poco sirve para compensar todo lo que viene después de que desaparezcamos entre puertas, dejando atrás a un paciente atemorizado y sin su familia, sin saber cuándo podrá volver a abrazar a sus seres queridos. 

Por unos días somos los sanitarios los que pasamos a ser sus familias, a cuidar como nos enseñaron con el alma y el corazón, cuando intentamos hacer más llevadera esa soledad e intentamos hacer que nos sientan parte de ellos. 

El miedo lo impregna todo. La mayor marca que dejará esta pandemia es el miedo, la enorme sensación de vulnerabilidad que esta enfermedad nos ha traído de vuelta a occidente. Miedo a morir cuando no era el momento., miedo a que muera quién, de acuerdo a los cánones que teníamos hasta este momento en occidente, no le tocaba.

Así que es normal que nuestros sentimientos estén a flor de piel. Nos piden que mantengamos una distancia de seguridad y al mismo tiempo tenemos una necesidad imperiosa de achuchar a nuestros compañeros de lágrimas cuando las suyas se derraman porque cuentan que no saben cuando podrán ver a sus hijos o sus familias.

Todos los días hay momentos en los que creemos que vamos a decaer, que tanta tensión contenida, tanto miedo disimulado podrá con nosotros, pero siempre algo en nuestro interior nos aflora, no sabemos qué, una sensación de aún queda un poco más de fuerza, la posibilidad de una marca más de las gafas o de la mascarilla, de una muesca más en la memoria del miedo que estamos viviendo, porque en el fondo es un día menos que luchar.

Un día más de miedo es, en el fondo, un día menos de miedo. Una marca más es, en el fondo, una marca menos y un día menos de miedo.





Este texto se ha realizado a seis manos con mis amigas y compañeras Mercedes Serrano y Rosa Figueroa para un trabajo del Experto en Gestión de Cuidados de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

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lunes, 10 de febrero de 2020

No disparemos al pianista


Estos días se ha creado un gran tumulto en torno a la sentencia 344/2019 del Tribunal Superior de Justicia de Navarra por demanda del @SMedicoNavarra contra la Gobierno Foral de Navarra, SATSE y Colegio de Enfermería. 

Una sentencia, otra más después de las de Andalucía, Madrid y Castilla León, que vuelve a decir que las enfermeras no podemos dirigir equipos multidisciplinares entre los que estén médicos porque no tenemos capacidad legal para ello.

Da igual que se pongan ejemplos de centros dirigidos por enfermeras que funcionan a las mil maravillas. Incluso da igual que este sea el año del #NursingNow...

Da igual que una enfermera pueda llegar a ser doctora y que tenga más créditos universitarios cursados que muchos médicos (incluso con sus años de grado, master y MIR),  da igual que tenga formación especializada en gestión y una dilatada experiencia dirigiendo equipos y centros, ella seguirá siendo A2 y el médico A1. 

La realidad es que el problema está en las normas y en su falta de adaptación a los tiempos actuales. No nos organizan por competencias sino por los criterios que marcan las leyes citadas antes.



Es decir, igual que un funcionario A2 no puede ser director general (posiblemente esto no lo sepa todo el mundo), las normas que regulan el acceso a la función pública y organizan las profesiones sanitarias en los centros aun establecen diferencias entre licenciados y diplomados - aunque estos en la realidad del 2020 ya no existan - y, como se puede leer en el artículo 6.1 de la LOPS, siguen estableciendo funciones exclusivas a los primeros.

Por eso, la sentencia nos podrá parecer casposa, anticuada y no conforme a la realidad actual postBolonia, pero es lo que hay.

Podemos saciar nuestra frustración contra los miembros de los tribunales de justicia (de éste o de los que vengan) aunque la realidad es que juzgan conforme a las leyes vigentes. Podemos cargar tintas contra los miembros de los colegios médicos que van al juzgado cada vez que ven a una enfermera dirigiendo un centro sanitario o un cambio normativo que trate de legalizar esta situación pero, por muy rancio o clasista que nos parezca,  lo que hacen es actuar de lobby del colectivo que representan.

Podemos despotricar todo lo que queramos en redes sociales y sentirnos, por enésima vez, vilipendiados y maltratados.


Pero lo que verdaderamente toca es mirarnos el ombligo y como dice Jose Ramón Martinez-Riera en esta magnifica entrada, trabajar en el cómo y no en el qué. El tema es cuándo vamos a dejar de llorar y vamos a ponernos en serio a  cambiar esto y exigir a los que nos representan que se dejen de campañas de recogidas de firmas, de autobuses serigrafiados y de fotos adhiriéndose a campañas que no van a cambiar esta situación.

Urge una modificación y adaptación de la LOPS, del EBEP y del Estatuto Marco a la realidad actual... y detrás de eso una adaptación de cada norma autonómica. Urge que dejemos de ser ATS/DUE en las clasificaciones profesionales de las diferentes consejerías y entes sanitarios.

La verdadera cuestión es ¿qué han estado haciendo nuestros representantes desde 2010 para hacer todo esto y tratar de adaptar esas normas a la realidad actual?

Es significativo que estos días Rodrigo Gutierrez, Director General de Ordenación Profesional del Ministerio, se haya mostrado más sensible y haya criticado la sentencia con más dureza que el propio Consejo General y el sindicato mayoritario (ni un triste tuit). Dice mucho de él y muy poco de nuestros representantes.

Así que no disparemos más al pianista, no gastemos energías en eso, y exijamos a nuestros insignes representantes que hagan su trabajo o mejor, cambiémoslos.


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miércoles, 15 de enero de 2020

El Milenarismo Enfermero ha llegado



En este 2020 este blog cumple 10 años y nadie podrá decir que no ha sido un medio de activismo enfermero. Así que nadie podrá pensar que no me parece bien que la OMS haya decidido que este debe ser el año de las enfermeras y matronasPero a este 2020 no termino de cogerle el punto. 

Obviamente no es que no piense que las enfermeras necesitemos más reconocimiento social o que estamos totalmente preparadas para asumir nuevas o más responsabilidades incluso políticas de salud como defendió hace poco Sergio Vallés. Mas bien lo contrario, los que leen este blog saben que llevamos años defendiendo esa idea y lo hicimos hace bien poco cuando criticamos la forma en la que se ha ido descafeinado la iniciativa NursingNow en nuestro país.

Pero lo que es sorprendente es que ahora, casi de golpe y porrazo y desde hace pocos meses, lo vea tan claro casi todo el mundo.

De pronto, por una especie de conjunción astral coincidiendo con el 2020, NursingNow, el nuevo gobierno, la declaración de la OMS y el 200 aniversario del nacimiento de nuestra veneradísima Florence, ahora resulta que todo el mundo se ha dado cuenta que las enfermeras somos la rehostia.

Ya no es solo que los expertos de la OMS se hayan caído del guindo de pronto y nos dediquen este año. Como expertos que son se están dando cuenta que por el camino que vamos, ninguneando a las enfermeras no íbamos a ningún lado.

Que The Economist nos dedique un artículo titulado "Florence Nightingale and the changing face or Nursing" o que The Lancet nos dedique un editorial donde piden que liberen todo nuestro potencial, como si fuéramos una especie de superguerreras de la Bola del Dragón o Jedis de la ultima estirpe Skywalker, no deja de ser oportunismo asociado a la iniciativa de la OMS. A ver cuántas enfermeras podrán publicar sus trabajos científicos en esa revista. Como son conscientes de ello, hasta nos ha cedido un numero especial para que recibamos el reconocimiento y soporte que merecemos y, de paso, que no nos quejemos.

Ahora de pronto, la enfermería y las enfermeras debemos estar superempoderadas y somos casi intocables. Casi como unas vestales del sistema sanitario. 

A nuestros próceres, esos que siguen haciéndose fotos en blanco y negro, ya hasta les molestan las canciones y las letras de Melendi e incluso se quejan al ministerio, como si el ministerio pudiera enseñar algo al pobre hombre de Melendi, al tiempo que nos revelan los superpoderes que debemos tener para ser las lideres del nuevo milenio (y que no tienen ellos, claro) o nos dicen que podemos ser gerentes de hospitales pero que no lo somos porque no sabemos que podemos (cuando la realidad tiene más que ver con el EBEP y las limitaciones de no haber peleado por adecuar esa norma a la realidad tras el Plan Bolonia).

Incluso tiran la casa por la ventana (con pólvora de rey claro) y nos organizan, textual, la mayor campaña de visibilidad de las enfermeras, con macrocongreso, concurso de fotografías y autobús (a lo HazteOir) incluidos.

El sindicato mayoritario, ese que lleva las siglas ATS en su nombre y que ahora le molesta tanto que nos llamen ATS que incluso se ha quejado al ministerio (mientras, supongo, preparara una especie de refundación para cambiar su nombre y ganar coherencia) va a pelear con todas sus fuerzas para sacar adelante que las ratios sean las mismas que en Europa, quiera decir eso los que quiera decir, porque lo importante no es ni el reconocimiento profesional, como se gestionan las plantillas o las capacidades de las enfermeras, sino que seamos suficientes. El mismísimo Victor Aznar, ese que dirigió ese sindicato 30 años y ahora dirige la Fundación FUDEN, cree que vamos por el buen camino porque en un municipio de 25000 habitantes han contratado enfermeras en los colegios. La Estrategia del Caracol la llama...

No descartéis que a mitad de legislatura nos sorprendan con otro autobús, verde esta vez, y algún macroencuentro que acabe con todos cantando Aquarius.

O sea, que tengo la sensación que este 2020 lo hemos empezado viviendo una transmutación general. Viviendo una especie de advenimiento enfermeril, una especie de profecía autocumplida, una especie de espíritu MrWonderfull llevado a la sublimación colectiva. Todos los problemas reales de la profesión, laborales, de representación y de reconocimiento, se habrán esfumado después del 2020. Una compañera se ha atrevido a hacer su particular carta a los Reyes Magos por si alguien se pierde en la lista de cosas que necesitamos.

Así que no puedo más que acordarme del visionario Fernando Arrabal y aquella antológica cogorza pública en un también antológico programa de Sanchez Dragó en el que todo el mundo hablaba con tremenda gravedad sobre el apocalipsis mientras que el visionario se hinchaba de chinchón y soplaba un matasuegras. 

Esta claro que el Milenarismo enfermero va a llegar este año y durará hasta el año 20 del siguiente siglo... o no.

De todos modos, lo mismo soy yo, que me voy haciendo mayor, más ácido, ácrata y descreído o directamente disparatado como Arrabal. Así que no me hagáis demasiado caso...


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Malamente #NursingNow




Esta entrada lleva en borrador unas cuantas semanas pero me resistía a publicarla. Es más, iba a ser mi propuesta para volver a participar un año más tarde en el número del Fanzine de NuestraEnfermería que acaba de publicarse. Pero algo dentro de mí me pedía darle una ultima oportunidad al movimiento que se inició hace unos meses en España pero que hoy siento ya como amortizado.

Cuando conocí la iniciativa Nursing Now hace más de un año, me pareció que era lo que la enfermería española necesitaba. El amigo Serafín explicó muy bien en que consistía la campaña en este post de su blog.

Todo lo relacionado con el famoso informe del Triple Impacto del Grupo Parlamentario de Salud Global que ha sido traducido recientemente por la gente de Investen-ISCIII (puedes descargarlo aquí) y los principios y objetivos de #NursingNow encajaban a la perfección con lo que, desde mi punto de vista, necesita la enfermería de este país. 

A mi me gustó tanto que incluso me atreví a escribir una propuesta, que envié a un grupo de enfermeras que me parecen referentes (como Ana Suárez, Fernando Campaña, Mª Paz Mompart, Zulema Ganzedo y unas cuantas mas), para que #NursingNow pudiera servir de palanca de cambio. Para que, aprovechando esa iniciativa, se pudiera crear el germen de un nuevo ente al estilo de la RNAO que nos representara más allá de la vetusta, oligárquica y, en muchos casos, anacrónica, estructura colegial.

Incluso hablé de ello con Adelaida Zabalegui cuando coincidimos en las jornadas de Enfermería y Liderazgo que se celebraron en marzo en Asturias. Ella fue la primera que me informó que, inexorablemente, #NursingNow debía ir asociada a la estructura colegial porque así estaba diseñada la campaña. De poco sirvió decir que la realidad representativa de nuestros vecinos anglosajones nada tiene que ver con la nuestra y que el Royal College of Nursing se parece al Consejo General de Enfermería lo que un churro a una castaña.

Comenzaron pronto a aparecer grupos provinciales y regionales de #NursingNow, algunos con mas que buena pinta y con muy buena presencia en redes y buenos referentes. Aún había esperanzas.

Pero cuando en mayo vi que el Consejo ya se había adueñado de la campaña, tuve claro que #NursingNow nunca sería lo que yo vislumbré.

Y así, poco a poco, todo mi optimismo y euforia se fue diluyendo como un azucarillo. Foto a foto, declaración a declaración, adhesión a adhesión, lo que inicialmente me parecía que tenia una potencia transformadora enorme se fue descafeinado hasta convertirse en una tisana.

Aún así albergaba esperanzas de que #NursingNow, sobre todo a través del reto Nightingale Challenge, aún sirviera para algo aunque fuera a medio-largo plazo.

Pero, cosas de la vida, el mismo día que Rosa Mª Alberdi, toda una referente para la enfermería española, daba un seminario de competencia política a alumnos de la Facultad de Enfermería de  la Universidad de Barcelona, se presentaba en Sevilla #NursingNowAndalucia.


La diferencia de ambas imágenes es abismal. Independientemente del hecho, nada baladí, de que no hubiera ninguna mujer entre las ponentes del evento - obviamente sin desmerecer a Jose Miguel Morales y Daniel Soto Prieto, que son enfermeras de reputada trayectoria y reconocido prestigio, la imagen de dos sexagenarios enarbolando la bandera de la renovación que supone #NursingNow es, como poco, deprimente. Una imagen trasnochada y, a la vez, alejadisima de la enfermería andaluza real, muy comprometida, con una altísima preparación cientificotécnica y, hasta hace no demasiado, modelo para las enfermeras del resto del país.


Y al final, uno no puede más que pensar en lo que pudo ser y finalmente no fue.  Como Dumbledore le dijo una vez a Harry Potter en una de las películasvendrán tiempos oscuros en los que habrá que elegir entre lo correcto y lo fácil. 

Las enfermeras hemos elegido lo fácil. Hemos elegido malamente.

Así que habrá que esperar a otra ocasión.




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viernes, 6 de septiembre de 2019

Un rayo de esperanza...

Tengo que reconocer que después de la entrada sobre La Disidencia, había entrado en un periodo de falta total de ideas para publicar. Andaba demasiado decepcionado con la política, con la profesión y con tanta actitud de sorber y soplar.

Lógicamente tengo también que reconocer que quizás he estado demasiado condicionado por la marcha a un nuevo destino de mi medio hermano, amigo, compañero y colega de ensoñaciones Carlos Núñez. Son demasiados años de fatigas, proyectos, conversaciones y más cosas como para que el hueco que deja vacío no se note.  

Los dos llevamos años defendiendo la idea que las organizaciones pueden ser cambiadas desde dentro. Años defendiendo los principios de la #EticaHacker en la gestión. Muchas conferencias y cursos hablando de ese tema, de la necesidad de más presencia enfermera en las políticas y en la política. La última vez lo hicimos en Asturias en las I Jornadas Liderazgo y Gestión y que Teresa Pérez resumió aquí (hoy todo parece premonitorio)

Sin embargo, la realidad siempre nos pegaba en la cara. Cada paso hacia delante costaba un mundo cuando no suponía dar medio para atrás al poco tiempo. Cada adelanto con la prescripción, con la direcciones de unidad o cosas parecidas venia acompañada de la consabida contestación de la parte contraria (que no debería serlo).

Quizás por eso la llegada de #NursingNow y sus objetivos para el 2020, teóricamente según la OMS el año de las enfermeras, me parecieron una mas que interesante palanca para generar un cambio necesario. Una oportunidad para remover las bases de la profesión, generar nuevos liderazgos y dar los pasos necesarios para iniciar la necesaria transformación y modernización de las caras visibles (y decisorias) de la profesión.

Da igual que como dice este artículo, no existan razones objetivas para no reconocer la capacidad de las enfermeras en la alta gestión, España es un país tan particular... y la profesión enfermera está tan condicionada por la mediocridad de sus representantes y esa violencia horizontal tan propia y, a la vez, tan dañina... que lo que era ilusión poco a poco se fue convirtiendo es desesperanza. A cada nombramiento de una enfermera le acompañan una retahíla de comentarios y tuits poniendo en duda su capacidad o sus méritos y automáticamente condicionando ese nombramiento mas a su vinculación política que a su supuesta capacidad. Ya ni valoramos lo que hace unos años seria impensable y llegamos incluso a hablar de solo una enfermera cuando lo lógico es pensar que al menos es una

Y para terminar de arreglarlo, todo el verano viendo fotos de adhesiones a la campaña #NursingNow a la que acompaña habitualmente una pléyade de las viejas glorias de siempre que tan poco ayudan en el momento actual y que, casi sin pensar, se contrapone con la campaña Nightingale Challenge, también de Nursong Now, que pretende justo lo contrario, encontrar y formar nuevos lideres de la profesión.

En fin... que este mes de agosto no me sentía en mi mejor momento ni en el más optimista. 

Afortunadamente, los últimos acontecimientos, de alguna manera, me han ido reconciliando con la profesión, con la política y con el futuro cercano. 

Como comprenderéis, el nombramiento de Carlos Núñez como Subdirector de Enfermería del AGS Norte de Cádiz, pese a la sensación de vacío inicial, supone una enorme sensación de orgullo personal y profesional y, sobre todo, de justicia. Es el reconocimiento (quizás debería haber llegado antes y con un gobierno progresista) al tesón, al esfuerzo y a la demostración práctica de que otra forma de gestionar y tener buenos resultados es posible.

El reciente nombramiento de un troyano reconocido como Raúl Oliván como Director General de Gobierno Abierto e Innovacion Social del Gobierno de Aragón me hizo pensar que, aunque lo de la sociedad del sandwich mixto es una verdad como un templo, aún hay esperanzas... 

Pero lo que me ha terminado de reconciliar ha sido lo ocurrido en Asturias. la renovación y rejuvenecimiento de la consejería de salud con la inclusión de Rafa Cofiño pero, sobre todo, que de un plumazo, no solo una enfermera sino dos han pasado a formar parte de la estructura directiva de la consejeria de salud, con una dirección general, y de la consejeria de derechos sociales y bienestar, con la gerencia del ERA.

Y ya no porque conozca a Ana Suarez y Sergio Vallés y crea que son gente muy capaz, comprometida y solvente, sino porque, al fin, hay enfermeras en puestos de decisión ocupados por enfermeras no solo para enfermeras. Un matiz más que importante.

Estoy seguro que les irá de miedo y qué eso será bueno para todas las enfermeras.

Así que, después de un mes de agosto algo oscuro, comienzo septiembre con algo mas de optimismo. Dejaré de acabar hacia abajo para empezar a ver el camino a seguir...




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lunes, 12 de agosto de 2019

DISIDENCIA Y AUDACIA


Gracias a la Comisión Gestora por dejarme entrar en su casa. Antes de nada, decir que me declaro admiradora irredenta de estos chicos y de sus tremendas entradas, a veces mordaces pero siempre libres de mordaza, ácidas y con mucho imán y atractivo.  Un atractivo alejado de lo reverencial y con los pies en la tierra. 
En esta entrada nos hablan de un concepto clave en cualquier Organización, en nuestro entorno social y en la vida en general: La Disidencia. 
Hoy voy a arriesgarme a hacer una reflexión desde mi visión más plural. La que suelo practicar. La que vive entre la esencia profesional, la vida en gestión y la convicción política. La disidencia vista desde ese espacio donde se definen o se canalizan lo que llaman la CG, “postulados oficiales”.
Antes de nada, es importante que aclare lo que yo considero que es un disidente, su naturaleza motivada y su aura revolucionaria. Para ser disidente debes tener sentido de compromiso, de activismo y de progreso. Uno no es disidente si nunca se ha mojado. Por eso, y porque no siempre alcanzas  el objetivo por el que te mueves, muchas veces tiene esa clásica connotación de ruptura, de pérdida, de cabreo y de aislamiento. 
Saber que en algún momento ha habido ilusión por la participación, es una buena manera de identificarles y diferenciarles de los mal llamados profesionales tóxicos (sin objetivo claro en su clave de protesta) o de la disidencia controlada (los que surgen de esos planes de ingeniería social donde algunos líderes tradicionales, u otros, proponen canalizar y controlar las nuevas o viejas necesidades de la sociedad sanitaria). Aunque en mi bagaje académico nunca he estudiado como diferenciarles de una manera clara, en mi vida profesional sí lo he aprendido. La propia naturaleza del perfil disidente, tan pasional y concreto, hace que corra el riesgo de tener una vida corta. De ahí que la disidencia controlada puede ser un medio para muchos de pisar los brotes que surgen de manera espontánea. O, al contrario, que el brote tenga un crecimiento consensuado y colaborador, el contexto responda a reivindicación y haya oportunidad de cambio en el Sistema. 

La diversidad en las opciones está servida: a propósito de la vida del disidente, me encanta esta escena de La Vida de Brian. Cada uno que lo identifique con lo que quiera… ;).
De una particular manera, Juan Irigoyen se acerca a la razón de ser del disidente en esta entrada y concretamente en este fragmento: 
En no pocas ocasiones es difícil determinar la diferencia entre una disidencia, una resistencia, una posición crítica o una simulación. En cualquier caso, la disidencia es un atributo del sistema, que crea las condiciones para su incubación. Lo que se puede afirmar, sin lugar a dudas, es que las disidencias son fenómenos extremadamente productivos, en tanto que estimulan el pensamiento al establecer diferencias. En sociedades como las del presente, se puede afirmar que la disidencia es una precondición imprescindible para el cambio positivo. En ausencia de estas el sistema se encierra sobre sí mismo generando un clima pésimo y reforzando las ataduras sobre sus miembros. Así, la zona inalcanzable que rodea a cada uno de nosotros, se hace más sólida. Frente a un disidente solo cabe el elogio”.
Mientras los líderes no tengamos abiertas puertas y ventanas al conocimiento, a la crítica y la creatividad colectiva, y no sientan la obligación de que en el camino de la participación, los planes de impregnación son menos costosos, estaremos perdidos. Creo que la captación de nuevos gestores y el avance en formación sobre liderazgo en nuestro entorno de salud, debe dar un cambio exponencial para facilitar la detección de esa disidencia de horizontes francos, honestos y adecuados para el conjunto. Porque liderar para la libertad y la participación no significa reconocer tus fracasos, sino reconducir tus errores. No significa desalinearse de ese camino de “postulados oficiales”, sino hacerlo más grande y más honesto para que quepamos en equilibrio. Y tampoco es una pérdida de reconocimiento y respeto, sino de posicionamiento del líder detrás del colectivo profesional, para reconocer su expertía.  
Me gusta pensar que la disidencia, ese espacio creativo y progresista de la sociedad sanitaria, puede conservar su esencia si se impregna de lo institucional, y que el pragmatismo responsable no atrape el idealismo y la ilusión por el cambio. 
Algunos lo llaman audacia.

Ana Suárez Guerra
@anamarsu 



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miércoles, 7 de agosto de 2019

Ilustres Ignorantes



Es relativamente frecuente que nos desayunemos, nos almorcemos o nos merendemos con noticias de colectivos y colegios médicos criticando o, directamente, denunciando e incluso pleiteando los progresos de la profesión enfermera por todo el mapa español.

La prescripción, la dirección de centros sanitarios o, más recientemente, la gestión compartida de la demanda son las causas más frecuentes. Un no parar.

Lo último ha sido la publicación de un informe en el que directamente nos dicen cuál deben ser nuestras competencias, nos equiparan con la homeopatía y nos acusan directamente de intrusismo.

Obviamente la contestación (fundamentalmente en redes sociales porque en los pasillos de hospital de estas cosas ni se habla) ha sido grande.


Conversaciones en redes sociales, incluso el mismísimo Martín Zurro, algún blog, algún que otro colegio profesional y, finalmente y saliendo del letargo habitual, hasta el Consejo General de Enfermería han salido al paso de este atropello.

Finalmente, la Organización Médica Colegial, en un acto de constricción, reedito el documento cambiando el texto aunque el fondo sigue siendo el mismo.

Y yo no pude más que acordarme del fantástico programa de televisión que da título a esta entrada y que desde hace 11 años dirige y presenta Javier Coronas junto a Pepe Coluvi y Javier Cansado.

Un programa de televisión, totalmente recomendable, en el que eligen un tema al azar y sobre el que debaten alocadamente sin tener ni pajolera idea pero con actitud de expertos versadisimos en el tema.

Eso mismo es lo que está pasando con las organizaciones colegiales médicas. 

Da igual que cada vez más expertos digan que el futuro de las organizaciones pasa por la redarquia u otras formas de organización donde el liderazgo, el mérito y la capacidad sean mas importantes que la categoría profesional o la estirpe.

Da igual que la enfermería del siglo XXI haya demostrado con creces su capacidad para liderar proyectos, dirigir equipos o deba liderar, según los expertos internacionales, la atención a crónicos y dependientes. Da igual que el futuro pase por la autogestión y los equipos y no por la profesión de quién los dirija.

Da igual. La caverna médica solo ve amenazas y peligros. Solo ve a una profesión "menor" tratando de coger una parte de un pastel que piensan es solo suyo.

Podrán considerarse ilustres, porque ilustres son los colegios profesionales, pero son unos ignorantes.


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jueves, 1 de agosto de 2019

La Disidencia



El año que viene este blog cumplirá 10 años. En todos estos años, siempre hemos contado que el sistema tenía un gran problema para reconocer los errores, para aceptar las críticas - en nuestro caso siempre constructivas aunque no siempre entendidas como tales. Hemos tratado de explicar dónde pensábamos que había margen de mejora, a decir sin miedo que algunas decisiones no eran acertadas y a decir hasta la extenuación que era necesario cambiar el sistema desde dentro.

En esta ocasión queremos hablar de una estirpe de profesionales: los disidentes. Siempre nos hemos mojado y esta vez no va a ser diferente.

Está claro que las grandes organizaciones llevan mal la disensión. Siempre ha sido así y siempre lo será. No deja de ser una especie de actitud defensiva como contamos hace un par de años. Pero está claro también que uno de los grandes males crónicos de nuestro sistema sanitario (no solo del andaluz) es lo fácil que el sistema convierte a cualquier profesional en hereje si no defiende los "postulados oficiales". Es un riesgo que hay que asumir si pretendes transformar el sistema desde dentro. 

Sin embargo, en nuestra organización, en los últimos años del anterior gobierno... esta caza al hereje fue cada vez más implacable. La falta de un proyecto a medio plazo, como ya contamos en este post, pero sobre todo por las mareas blancas, el fenómeno Spiriman y las fallidas (pero sobre todo mal explicadas) fusiones hospitalarias junto a la creciente perdida de apoyo sociológico según los vaticinios demoscópicos de los años y meses previos a las elecciones regionales, configuraron un escenario aun peor donde se controlaban, ya no las disensiones internas, sino cualquier cosa que se dijera en redes sociales.

Daba igual que la persona tuviera o no los rasgos de un buen líder, daba igual la trayectoria profesional o los éxitos en gestión, lo importante era no discrepar, no criticar, decir, aun sin pensarlo, que todo iba de sobre ruedas. 

Los últimos años fueron como en la fábula del Traje Nuevo del Emperador, cualquiera que se atreviera a poner un “pero”, a decir “por ahí no” o a decir "nos estamos equivocando" era tachado inmediatamente de disidente y apartado sutilmente en algunos casos o estrepitosamente en otros.

La consecuencia final en algunos centros sanitarios es que la disidencia se fue llenando de personas responsables y muy bien preparadas, personas cuyo compromiso con la organización los llevó a levantar la voz en un momento de cómplices silencios, personas cuyo talento hacía albergar esperanzas pero cuyas opiniones no eran cómodas. Los centros sanitarios fueron perdiendo a los mejores para llenarse de mediocres. Las decisiones no las tomaban los mejores pero eso había dejado de ser importante. Eran los que mejor obedecían y además no levantaban la voz. Aquello del Principio de Peter o del Síndrome de Procusto se veía en cada centro sanitario.

Obviamente se fue configurando el mejor escenario posible para que la debacle electoral se produjera. La que en otro momento fue “la joya de la corona” terminó siendo una pesadilla para todos los responsables públicos. Ni siquiera abrir hospitales sirvió para evitar perder el gobierno regional.

El cambio político y los relevos en las direcciones de los centros sanitarios, en muchos de los casos no por méritos profesionales o de gestión sino por vinculaciones políticas, terminó de traernos a donde estamos hoy, un sistema sin norte y que vaga lentamente hacia ninguna parte... pero eso da para otro post.

El cambio de gobierno ha provocado que muchos de aquellos disidentes, repartidos por hospitales, centros de atención primaria y empresas públicas, han pasado a estar en tierra de nadie. Obviamente siguen ofreciendo lo mejor de su labor profesional. Pero su inquietud, su capacidad para proponer, innovar o transformar el sistema se quedaron en el camino. Aunque parezca sorprendente, fueron apartados por sus ideas y hoy siguen apartados por lo mismo. Fueron repudiados por exceso de celo y compromiso con el ciudadano - y el sistema - y hoy siguen siéndolo porque sus trayectorias y opiniones siguen marcadas ideológicamente.

Posiblemente el ejemplo más palmario y claro de esta situación sea el caso de Joan Carles March, hasta no hace mucho icono del movimiento transformador del sistema sanitario andaluz y hoy arrinconado por haber dicho lo que pensaba sin renunciar a sus principios e ideas progresistas. Aunque siempre habrá alguien que no piense como yo o diga que digo esto por amistad (sí, tengo la enorme fortuna de considerar a Joan Carles mi amigo), su valía es indudable si uno es medianamente objetivo y no aprovecharla es un enorme desperdicio.

Pero el de Joan Carles es solo un caso. Tristemente hay muchos más… 

Bienvenidos a La Disidencia.



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