La idea inicial era titular esta entrada "O Follamos todos o la puta al rio", uno de los refranes del prolijo refranero español que expresa exactamente lo que muchos trabajadores de nuestra organización están pensando y sintiendo tras ver la cantidad que se le ha abonado en el primer pago de nuestro abono de incentivos, el famoso Complemento al Rendimiento Profesional (si, nuestra paga de incentivos se abona en dos cómodos plazos). El refranero español es tan rico que siempre se encuentran refranes para casi todo. Pero como suena (y es) muy machista y no es nuestra intención intimidar o molestar al lector, al final lo hemos cambiado.
No es la primera vez que hablamos de incentivos en este blog pero es que el tema está de rabiosa actualidad y con razón.
Nosotros hemos leido y estudiado sobre incentivos, sobretodo de los que más saben (y han escrito en la blogosfera) que son Miguel Ángel Manyez y Sergio Minué.
En rasgos generales, aunque no existe un sistema de incentivos ideal, al menos, un buen sistema de incentivos debería ser justo (que premie a los que de verdad se esfuerzan y cumplen con los objetivos), equitativo (tratando a todos los profesionales por igual pero respetando sus diferencias), proporcional al logro (cada cuál recibe en función de la aportación individual a los logros de la unidad) y monitorizable (que los indicadores estén bien fabricados y que sean medibles a lo largo del tiempo)
Sin embargo, el actual sistema del Servicio Andaluz de Salud no cumple con estos requisitos. Aunque en su origen tenía la pretensión de ser un instrumento para propiciar la mejora contínua de la atención sanitaria, nació tarado, ya que, en el fondo, no era más que un aumento de sueldo encubierto y camuflado en época de vacas gordas (por eso las exageradas diferencias en las tablas de remuneración entre diferentes profesiones). Pero eso ya lo contamos en esta entrada hace dos años.
El problema es que, lejos de mejorar el sistema en estos más de diez años, la imposición de la mayoría de los objetivos y la obstinación por mezclar estos objetivos (e ineludiblemente los incentivos) con registros, con consumos (de personal o de fungibles), con ahorro farmacéutico o con actividades muy concretas y específicas (como el decreto de demoras), ha deteriorado enormemente la percepción que los profesionales tienen de ellos y, sobre todo, limitado la capacidad de muchos miembros de las unidades de participar en su consecución.
Y al final tenemos un sistema que no es justo ni equitativo ni proporcional al logro y que propicia que una auxiliar de enfermería de una planta de medicina interna (nadie puede decir que no curren en interna), que apenas ha podido aportar nada a la consecución de objetivos, se le penalice proporcionalmente recibiendo una paga de incentivos de solo 500 euros, que un celador de quirófano (todos sabemos que sin ellos el quirófano no funciona) en las mismas circunstancias reciba en su primer plazo 86 euros, que una administrativo responsable de cita previa (ellas son las que manejan las tripas de Diraya) menos de 300 euros o que el director de una Unidad de Gestión que no ha pasado del 50% en la consecución de objetivos cobre más que el mismísimo gerente.
Con este sistema no incentivamos ni producción, ni calidad ni nada por el estilo... en todo caso lo que se incentivan son cosas como la holgazanería, la mediocracia y, sobre todo, la desafección por la organización por lo que no podemos rasgarnos las vestiduras si muchos profesionales solo piensan en que acabe su turno o en que llegue el viernes.
En definitiva, tenemos un sistema que desincentiva, que desmotiva y que descree.
Y eso es un gran problema.
Ha llegado el momento de repensar el sistema de incentivos para los próximos años, cambiando el actual de arriba a abajo. Un buen punto de partida son los 6 puntos de esta entrada de Salud con Cosas y el checklist de esta entrada de Gerente De Mediado.
Para el nuevo Consejero de Salud, Aquilino Alonso, replantearse el sistema de incentivos seria una buena forma de empezar a cumplir el encargo de aumentar la complicidad y la implicación de los profesionales.
