jueves, 30 de abril de 2020

Las marcas de la Pandemia



Todas las situaciones vitales o trascendentes dejan marcas imborrables en las personas que las viven. Y esta pandemia, por su carácter global, desconocido y especialmente beligerante con quién menos te lo esperas no es, lógicamente, una excepción.

A pesar de mis largos años de experiencia como enfermera, la situación en la que nos encontramos y las consecuencias en la esfera personal de los que la sufren, la temen o la tratan no puede más que evocarme escenas de películas y series de tintes apocalípticos, situaciones que marcarán un antes y un después en nuestras vidas.

En nuestra particular experiencia de esta distopía en el hospital, se representan todas las contingencias, todas las posibilidades expresadas de diferentes modos.

Por un lado, tenemos a los que están en las trincheras, al pie del cañón en las urgencias hospitalarias. Los profesionales que trabajan en este servicio están dando todo lo mejor de ellos, en un cóctel que mezcla el miedo irracional a lo desconocido y a la posibilidad de llevar la enfermedad a sus casas y la responsabilidad asociada al deber, a la vocación de servicio público. No en pocas ocasiones, este maldito enemigo invisible contra el que estamos luchando desde hace poco, y a la vez demasiado, tiempo, coge a alguno desprevenido. 

Un pequeño descuido, un despiste, un momento de relajación en el que la mente te lleva a pensar que nada de esto está pasando, te pone en riesgo. Esta enfermedad es así de malvada, casi siempre viene camuflada. No hay paciente tipo y cualquiera puede ser el origen de una explosión de casos. Pero, a pesar de todo, son profesionales acostumbrados a estar en primera línea de fuego, a no decaer nunca y a tener siempre a un compañero en el que apoyarse. 

En las siguientes líneas de defensa hospitalaria las cosas no son muy distintas. Cambias la inseguridad de no saber por dónde puede sorprenderte esta enfermedad a entornos donde tienes la seguridad de que el virus es parte del ambiente. Las unidades Covid y las UCIs son el territorio Chernóbil de la vieja Europa. Los profesionales van más preparados, tienen las EPIs adecuadas, cuando las tienen claro, pero nada es capaz de compensar la sensación de miedo a una enfermedad desconocida que lo mismo permite que viva una persona pluripatológica de más de ochenta años que termina llevando con Caronte a un joven deportista de apenas cuarenta años. 

El resto del hospital no se escapa a esa sensación irracional de miedo a lo desconocido y a la vez a lo que tienes la profunda sensación que puede acabar con tu vida o con la de los tuyos. Pasillos cargados de mascarillas de todo tipo, sirvan o no, sean las que estén indicadas por los protocolos o las que te ha regalado tu familiar o tu amigo que trabaja en la industria petroquímica. 

Pero si los profesionales lo están pasando mal y están viéndose obligados a cambiar rutinas, procedimientos y protocolos, los grandes afectados son los pacientes y sus familias. La soledad, la incertidumbre y el silencio son sus grandes losas de preocupación.

Tras todas esas mascarillas, las batas, los monos y las gafas de protección, siempre hay una sonrisa espontánea que no se ve, una mueca que sirve instintivamente para tratar de compensar el miedo que sentimos en los ojos de los pacientes. Miedo cuando llegan y se les informa de la posibilidad de tener la temida enfermedad.

Igual que, pese a los dos pares de guantes, siempre hay una mano a la que pueden agarrarse fuertemente, en ese momento el mayor de nuestros tesoros, el contacto, cargado de capas y protección, pero contacto, al fin y al cabo.

Y también una palabra de ánimo y alivio, un simple “No te preocupes” que poco sirve para compensar todo lo que viene después de que desaparezcamos entre puertas, dejando atrás a un paciente atemorizado y sin su familia, sin saber cuándo podrá volver a abrazar a sus seres queridos. 

Por unos días somos los sanitarios los que pasamos a ser sus familias, a cuidar como nos enseñaron con el alma y el corazón, cuando intentamos hacer más llevadera esa soledad e intentamos hacer que nos sientan parte de ellos. 

El miedo lo impregna todo. La mayor marca que dejará esta pandemia es el miedo, la enorme sensación de vulnerabilidad que esta enfermedad nos ha traído de vuelta a occidente. Miedo a morir cuando no era el momento., miedo a que muera quién, de acuerdo a los cánones que teníamos hasta este momento en occidente, no le tocaba.

Así que es normal que nuestros sentimientos estén a flor de piel. Nos piden que mantengamos una distancia de seguridad y al mismo tiempo tenemos una necesidad imperiosa de achuchar a nuestros compañeros de lágrimas cuando las suyas se derraman porque cuentan que no saben cuando podrán ver a sus hijos o sus familias.

Todos los días hay momentos en los que creemos que vamos a decaer, que tanta tensión contenida, tanto miedo disimulado podrá con nosotros, pero siempre algo en nuestro interior nos aflora, no sabemos qué, una sensación de aún queda un poco más de fuerza, la posibilidad de una marca más de las gafas o de la mascarilla, de una muesca más en la memoria del miedo que estamos viviendo, porque en el fondo es un día menos que luchar.

Un día más de miedo es, en el fondo, un día menos de miedo. Una marca más es, en el fondo, una marca menos y un día menos de miedo.





Este texto se ha realizado a seis manos con mis amigas y compañeras Mercedes Serrano y Rosa Figueroa para un trabajo del Experto en Gestión de Cuidados de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

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lunes, 10 de febrero de 2020

No disparemos al pianista


Estos días se ha creado un gran tumulto en torno a la sentencia 344/2019 del Tribunal Superior de Justicia de Navarra por demanda del @SMedicoNavarra contra la Gobierno Foral de Navarra, SATSE y Colegio de Enfermería. 

Una sentencia, otra más después de las de Andalucía, Madrid y Castilla León, que vuelve a decir que las enfermeras no podemos dirigir equipos multidisciplinares entre los que estén médicos porque no tenemos capacidad legal para ello.

Da igual que se pongan ejemplos de centros dirigidos por enfermeras que funcionan a las mil maravillas. Incluso da igual que este sea el año del #NursingNow...

Da igual que una enfermera pueda llegar a ser doctora y que tenga más créditos universitarios cursados que muchos médicos (incluso con sus años de grado, master y MIR),  da igual que tenga formación especializada en gestión y una dilatada experiencia dirigiendo equipos y centros, ella seguirá siendo A2 y el médico A1. 

La realidad es que el problema está en las normas y en su falta de adaptación a los tiempos actuales. No nos organizan por competencias sino por los criterios que marcan las leyes citadas antes.



Es decir, igual que un funcionario A2 no puede ser director general (posiblemente esto no lo sepa todo el mundo), las normas que regulan el acceso a la función pública y organizan las profesiones sanitarias en los centros aun establecen diferencias entre licenciados y diplomados - aunque estos en la realidad del 2020 ya no existan - y, como se puede leer en el artículo 6.1 de la LOPS, siguen estableciendo funciones exclusivas a los primeros.

Por eso, la sentencia nos podrá parecer casposa, anticuada y no conforme a la realidad actual postBolonia, pero es lo que hay.

Podemos saciar nuestra frustración contra los miembros de los tribunales de justicia (de éste o de los que vengan) aunque la realidad es que juzgan conforme a las leyes vigentes. Podemos cargar tintas contra los miembros de los colegios médicos que van al juzgado cada vez que ven a una enfermera dirigiendo un centro sanitario o un cambio normativo que trate de legalizar esta situación pero, por muy rancio o clasista que nos parezca,  lo que hacen es actuar de lobby del colectivo que representan.

Podemos despotricar todo lo que queramos en redes sociales y sentirnos, por enésima vez, vilipendiados y maltratados.


Pero lo que verdaderamente toca es mirarnos el ombligo y como dice Jose Ramón Martinez-Riera en esta magnifica entrada, trabajar en el cómo y no en el qué. El tema es cuándo vamos a dejar de llorar y vamos a ponernos en serio a  cambiar esto y exigir a los que nos representan que se dejen de campañas de recogidas de firmas, de autobuses serigrafiados y de fotos adhiriéndose a campañas que no van a cambiar esta situación.

Urge una modificación y adaptación de la LOPS, del EBEP y del Estatuto Marco a la realidad actual... y detrás de eso una adaptación de cada norma autonómica. Urge que dejemos de ser ATS/DUE en las clasificaciones profesionales de las diferentes consejerías y entes sanitarios.

La verdadera cuestión es ¿qué han estado haciendo nuestros representantes desde 2010 para hacer todo esto y tratar de adaptar esas normas a la realidad actual?

Es significativo que estos días Rodrigo Gutierrez, Director General de Ordenación Profesional del Ministerio, se haya mostrado más sensible y haya criticado la sentencia con más dureza que el propio Consejo General y el sindicato mayoritario (ni un triste tuit). Dice mucho de él y muy poco de nuestros representantes.

Así que no disparemos más al pianista, no gastemos energías en eso, y exijamos a nuestros insignes representantes que hagan su trabajo o mejor, cambiémoslos.


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miércoles, 15 de enero de 2020

El Milenarismo Enfermero ha llegado



En este 2020 este blog cumple 10 años y nadie podrá decir que no ha sido un medio de activismo enfermero. Así que nadie podrá pensar que no me parece bien que la OMS haya decidido que este debe ser el año de las enfermeras y matronas. Pero a este 2020 no termino de cogerle el punto. 

Obviamente no es que no piense que las enfermeras necesitemos más reconocimiento social o que estamos totalmente preparadas para asumir nuevas o más responsabilidades incluso políticas de salud como defendió hace poco Sergio Vallés. Mas bien lo contrario, los que leen este blog saben que llevamos años defendiendo esa idea y lo hicimos hace bien poco cuando criticamos la forma en la que se ha ido descafeinado la iniciativa NursingNow en nuestro país.

Pero lo que es sorprendente es que ahora, casi de golpe y porrazo y desde hace pocos meses, lo vea tan claro casi todo el mundo.

De pronto, por una especie de conjunción astral coincidiendo con el 2020, NursingNow, el nuevo gobierno, la declaración de la OMS y el 200 aniversario del nacimiento de nuestra veneradísima Florence, ahora resulta que todo el mundo se ha dado cuenta que las enfermeras somos la rehostia.

Ya no es solo que los expertos de la OMS se hayan caído del guindo de pronto y nos dediquen este año. Como expertos que son se están dando cuenta que por el camino que vamos, ninguneando a las enfermeras no íbamos a ningún lado.

Que The Economist nos dedique un artículo titulado "Florence Nightingale and the changing face or Nursing" o que The Lancet nos dedique un editorial donde piden que liberen todo nuestro potencial, como si fuéramos una especie de superguerreras de la Bola del Dragón o Jedis de la ultima estirpe Skywalker, no deja de ser oportunismo asociado a la iniciativa de la OMS. A ver cuántas enfermeras podrán publicar sus trabajos científicos en esa revista. Como son conscientes de ello, hasta nos ha cedido un numero especial para que recibamos el reconocimiento y soporte que merecemos y, de paso, que no nos quejemos.

Ahora de pronto, la enfermería y las enfermeras debemos estar superempoderadas y somos casi intocables. Casi como unas vestales del sistema sanitario. 

A nuestros próceres, esos que siguen haciéndose fotos en blanco y negro, ya hasta les molestan las canciones y las letras de Melendi e incluso se quejan al ministerio, como si el ministerio pudiera enseñar algo al pobre hombre de Melendi, al tiempo que nos revelan los superpoderes que debemos tener para ser las lideres del nuevo milenio (y que no tienen ellos, claro) o nos dicen que podemos ser gerentes de hospitales pero que no lo somos porque no sabemos que podemos (cuando la realidad tiene más que ver con el EBEP y las limitaciones de no haber peleado por adecuar esa norma a la realidad tras el Plan Bolonia).

Incluso tiran la casa por la ventana (con pólvora de rey claro) y nos organizan, textual, la mayor campaña de visibilidad de las enfermeras, con macrocongreso, concurso de fotografías y autobús (a lo HazteOir) incluidos.

El sindicato mayoritario, ese que lleva las siglas ATS en su nombre y que ahora le molesta tanto que nos llamen ATS que incluso se ha quejado al ministerio (mientras, supongo, preparara una especie de refundación para cambiar su nombre y ganar coherencia) va a pelear con todas sus fuerzas para sacar adelante que las ratios sean las mismas que en Europa, quiera decir eso los que quiera decir, porque lo importante no es ni el reconocimiento profesional, como se gestionan las plantillas o las capacidades de las enfermeras, sino que seamos suficientes. El mismísimo Victor Aznar, ese que dirigió ese sindicato 30 años y ahora dirige la Fundación FUDEN, cree que vamos por el buen camino porque en un municipio de 25000 habitantes han contratado enfermeras en los colegios. La Estrategia del Caracol la llama...

No descartéis que a mitad de legislatura nos sorprendan con otro autobús, verde esta vez, y algún macroencuentro que acabe con todos cantando Aquarius.

O sea, que tengo la sensación que este 2020 lo hemos empezado viviendo una transmutación general. Viviendo una especie de advenimiento enfermeril, una especie de profecía autocumplida, una especie de espíritu MrWonderfull llevado a la sublimación colectiva. Todos los problemas reales de la profesión, laborales, de representación y de reconocimiento, se habrán esfumado después del 2020. Una compañera se ha atrevido a hacer su particular carta a los Reyes Magos por si alguien se pierde en la lista de cosas que necesitamos.

Así que no puedo más que acordarme del visionario Fernando Arrabal y aquella antológica cogorza pública en un también antológico programa de Sanchez Dragó en el que todo el mundo hablaba con tremenda gravedad sobre el apocalipsis mientras que el visionario se hinchaba de chinchón y soplaba un matasuegras. 

Esta claro que el Milenarismo enfermero va a llegar este año y durará hasta el año 20 del siguiente siglo... o no.

De todos modos, lo mismo soy yo, que me voy haciendo mayor, más ácido, ácrata y descreído o directamente disparatado como Arrabal. Así que no me hagáis demasiado caso...


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Malamente #NursingNow




Esta entrada lleva en borrador unas cuantas semanas pero me resistía a publicarla. Es más, iba a ser mi propuesta para volver a participar un año más tarde en el número del Fanzine de NuestraEnfermería que acaba de publicarse. Pero algo dentro de mí me pedía darle una ultima oportunidad al movimiento que se inició hace unos meses en España pero que hoy siento ya como amortizado.

Cuando conocí la iniciativa Nursing Now hace más de un año, me pareció que era lo que la enfermería española necesitaba. El amigo Serafín explicó muy bien en que consistía la campaña en este post de su blog.

Todo lo relacionado con el famoso informe del Triple Impacto del Grupo Parlamentario de Salud Global que ha sido traducido recientemente por la gente de Investen-ISCIII (puedes descargarlo aquí) y los principios y objetivos de #NursingNow encajaban a la perfección con lo que, desde mi punto de vista, necesita la enfermería de este país. 

A mi me gustó tanto que incluso me atreví a escribir una propuesta, que envié a un grupo de enfermeras que me parecen referentes (como Ana Suárez, Fernando Campaña, Mª Paz Mompart, Zulema Ganzedo y unas cuantas mas), para que #NursingNow pudiera servir de palanca de cambio. Para que, aprovechando esa iniciativa, se pudiera crear el germen de un nuevo ente al estilo de la RNAO que nos representara más allá de la vetusta, oligárquica y, en muchos casos, anacrónica, estructura colegial.

Incluso hablé de ello con Adelaida Zabalegui cuando coincidimos en las jornadas de Enfermería y Liderazgo que se celebraron en marzo en Asturias. Ella fue la primera que me informó que, inexorablemente, #NursingNow debía ir asociada a la estructura colegial porque así estaba diseñada la campaña. De poco sirvió decir que la realidad representativa de nuestros vecinos anglosajones nada tiene que ver con la nuestra y que el Royal College of Nursing se parece al Consejo General de Enfermería lo que un churro a una castaña.

Comenzaron pronto a aparecer grupos provinciales y regionales de #NursingNow, algunos con mas que buena pinta y con muy buena presencia en redes y buenos referentes. Aún había esperanzas.

Pero cuando en mayo vi que el Consejo ya se había adueñado de la campaña, tuve claro que #NursingNow nunca sería lo que yo vislumbré.

Y así, poco a poco, todo mi optimismo y euforia se fue diluyendo como un azucarillo. Foto a foto, declaración a declaración, adhesión a adhesión, lo que inicialmente me parecía que tenia una potencia transformadora enorme se fue descafeinado hasta convertirse en una tisana.

Aún así albergaba esperanzas de que #NursingNow, sobre todo a través del reto Nightingale Challenge, aún sirviera para algo aunque fuera a medio-largo plazo.

Pero, cosas de la vida, el mismo día que Rosa Mª Alberdi, toda una referente para la enfermería española, daba un seminario de competencia política a alumnos de la Facultad de Enfermería de  la Universidad de Barcelona, se presentaba en Sevilla #NursingNowAndalucia.


La diferencia de ambas imágenes es abismal. Independientemente del hecho, nada baladí, de que no hubiera ninguna mujer entre las ponentes del evento - obviamente sin desmerecer a Jose Miguel Morales y Daniel Soto Prieto, que son enfermeras de reputada trayectoria y reconocido prestigio, la imagen de dos sexagenarios enarbolando la bandera de la renovación que supone #NursingNow es, como poco, deprimente. Una imagen trasnochada y, a la vez, alejadisima de la enfermería andaluza real, muy comprometida, con una altísima preparación cientificotécnica y, hasta hace no demasiado, modelo para las enfermeras del resto del país.


Y al final, uno no puede más que pensar en lo que pudo ser y finalmente no fue.  Como Dumbledore le dijo una vez a Harry Potter en una de las películas, vendrán tiempos oscuros en los que habrá que elegir entre lo correcto y lo fácil. 

Las enfermeras hemos elegido lo fácil. Hemos elegido malamente.

Así que habrá que esperar a otra ocasión.




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