jueves, 9 de abril de 2015

Un tiro en el pie #NoesmiGuerra



Es muy posible que la mayoría de las enfermeras no tenga ni idea del tormentón que, en torno al desarrollo del decreto que regularía la prescripción enfermera, lleva algo más de una semana montado en la capital y en las redes sociales. Su principal preocupación siguen siendo los turnos, los días libres (y ahora el reparto de las vacaciones) y quejarse amargamente (en la mayoría de las ocasiones con un relevo de por medio o en ropa interior) de las decisiones que otros toman por ellas.

El sábado previo al Domingo de Ramos, de forma sorpresiva aunque seguro que muy calculada, la Organización Médica Colegial hizo una declaración oficial sobre el anuncio hecho tras el Consejo Interterritorial de que, antes de final de año,  el decreto que regulará la prescripción por parte de los enfermeros va a estar listo. Fue un comunicado totalmente desafortunado y fuera de tono donde decían que dejarnos prescribir supone un riesgo para la seguridad de los pacientes ¡Toma ya! (si no lo crees puedes leer la noticia de El Pais o al de Redacción Médica)

Aunque todo parecía indicar que era un mensaje dirigido a la parte más reaccionaria del colectivo médico, con la intención de templar gaitas antes de llegar a un acuerdo, la honorabilidad de todo el colectivo estaba afectada por el tono y el fondo del mensaje. 

Ante estas palabras, el Ministro vino a darle la razón a la OMC diciendo que no le va a dar luz verde al decreto.

Las aguas se arremolinaban en las redes sociales mientras el grueso del colectivo y el Consejo General de Enfermería se iban de vacaciones. Nosotros incluso propusimos volver a hacer un #TheCofiaDay... pero nos atemperamos.

La falta de una pronta respuesta de nuestros "insignes representantes" (y otrora compañeros de mesa y foto de los señores de la OMC) empezó a incomodar. Lógicamente fueron muchos los que si contestaron como Lola Montalvo en este post o  Esther Gorgón en su blog o esta otra compañera en este artículo. No solo enfermeras sino que también hubo mucho médico que desde su bitacora mostró cordura y su apoyo a legalizar algo que llevamos años haciendo las enfermeras, usar nuestros conocimientos científicos para cuidar lo mejor posible a los pacientes que atendemos con ellos. Este post de Rafa Olalde, éste de JM Salas o la defensa en Twitter de Vicente Baos son dignas de elogio.

Obviamente se sentían los tambores de guerra en medio de la Semana Santa y las conversaciones se sucedian en Twitter, en DMs y en Whatsapp.

Se hacia necesario poner algo de sentido a todo pero desde la ciencia, desde a demostración de que no somos un peligro sino todo lo contrario.

El asunto tuvo hasta su #MeMe



Sin embargo, todo lo que teníamos de "nuestros teóricos representantes" era silencio. Un silencio incómodo entre complice y pactado. La que mejor describe éstas malas sensaciones es Virginia Salinas aquíIncluso algún médico se atrevió a plantear dudas sobre si todo este follón no era más que una cortina de humo.

Pasaban los días y ninguna declaración. Ya está!!! No es que estén de vacaciones. Lo que están es preparando una declaración institucional cargada de datos, de informes y de gráficos que demostraría, sobre todo a los pacientes, que lejos de ser un peligro, las enfermeras llevamos años prescribiendo y que somos una parte imprescindible para el sostenimiento presente y, sobre todo, futuro del sistema sanitario.

Y llegó el día... luces, micrófonos, periodistas y  ¡Tachán! Nada de eso... tan solo un enorme ladrido. 

Nada de ya se prescribe en otros paises de Europa (como Francia o Reino Unido), ni siquiera que ya se medio-prescribe en Andalucia sin que ningún paciente andaluz haya muerto por ello. No, el tema se soluciona saliendo en los principales medios de comunicación llamando talibanes a los médicos en Prime Time, diciendo que rompemos relaciones con el interlocutor necesario y que los vamos a denunciar por difamarnos en un medio de tirada nacional.

Nada más. Para esto es para lo que da un enorme departamento de comunicación que cuesta miles de euros. Para salir tarde, mal, hacer el ridículo y tirarse (tirarnos) un tiro en el pie.

Para esto habría podrían haber salido directamente el día siguiente al comunicado del OMC y listo. Al final va a ser verdad que lo que estaban es de vacaciones.

Afortunadamente, como ha dicho hoy Javier Casas, compañero y médico (por ese orden), ésta no es mi guerra y pese a todas nuestras reclamaciones, los médicos no son mis enemigos pese a lo que pueda parecer.

Como solemos decir, la mayoría de las veces el verdadero enemigo está en casa.



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martes, 17 de marzo de 2015

perro no come carne de perro


En estos días nos hemos desayunado, merendado y cenado con el asunto del acoso de la comandante Zaida Cantera, un preocupante caso de mobbing laboral mantenido durante años y urdido por las élites de una organización para salvar a sus propias posaderas.

Lo más grave del caso es el tema del acoso laboral para generar miedo y tapar la denuncia verdaderamente grave por acoso sexual de un superior. 

Pero lo que pone de manifiesto el caso es que en el ejercito español existen unas élites extractivas que anteponen su sillón al bien común (algo que ya suponíamos y que el caso solo ha venido a confirmarnos).

Pero la cuestión que me ronda es ¿existen estas élites extractivas en la enfermería española?

En el caso de las élites colegiales la respuesta es fácil. No hace falta leer (aunque sea imprescindible) esta fantástica entrada de Juan F. Hernández Yañez para contestar. Solo hay que mirar una foto de los miembros del Consejo General de Enfermería de hace 15 años y compararla con una de hoy, o seguir el esperpéntico y bochornoso espectáculo que está dando el Consejo en el Colegio de Enfermería de Baleares (puedes leer más aquí o aquí)  o el escandaloso panorama que está viviendo la enfermería asturiana con su Colegio (puedes seguirlo todo en el blog de #6000enfermeras) para sacar conclusiones.

En el caso de las universidades y las organizaciones sindicales tendríamos más de lo mismo aunque, con la salvedad en el caso de los sindicatos de que, posiblemente, sean las organizaciones más decimonónicas y menos renovadas junto a los cuadros de los partidos políticos.

Pero... ¿y en el caso de las direcciones de enfermería de los centros? Aquí cada cuál contará la película en función de su propia experiencia, aunque la mera existencia de equipos directivos que digan frases como las que se describen en esta entrada pone los pelos de punta.

Obviamente, si la existencia de esas élites es consustancial al deterioro de las estructuras políticas y consideramos que la mayoría de las direcciones son nombradas por afinidad (política y/o personal), es de suponer que habrá muchas enfermeras que hayan oído o vivido situaciones similares.

Por mi experiencia (y a estas alturas conozco muchas directoras/es de enfermería) hay muchos ejemplos de personas de referencia y de verdadero de liderazgo,  pero también hay auténticas supervivientes que andan con una mosca detrás de la oreja, una mano en la silla -para tratar de que no se la mueva nadie- y un ojo nervioso cuchicheando lo que se publica en las redes.

Desde mi modesta opinión, la mera existencia de algunas de estas élites es una de las caras de la poliédrica realidad de la enfermería española, esa que desde hace años vive en un quiero y no puedo contínuo.


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martes, 17 de febrero de 2015

Enfermería Canibal



Llevo varios días como muchos temas en la cabeza para volver a publicar. Pero ha sido uno recurrente en la blogosfera enfermera en los últimos días el que más me ha llegado.

Todo empezó con este fantástico y valiente post de Lola Montalvo hablando de malos profesionales, que siguió con éste otro de Rosa Mª Nieto o este otro de Serafín. Luego Monica L. Ventoso se sacó de la manga un enorme post hablando de bajo el HT #Yonopaso.

En el camino se publicó alguno más como éste de Olga Navarro contando una historia en carne propia, e incluso el tema terminó saliendo en el resumen dominical de Manyez por la desafortunada aportación de una comentarista en este otro post de Historias de un Enfermero Mileurista.

Pero el que más hondo me llegó fue éste de Pinchazos Enfermeros en el se pone de manifiesto que, pese a todos los esfuerzos de muchos de los que por aquí nos movemos, la profesión está profundamente enferma.

Lo que en él se cuenta pone los vellos de punta (será por los años trabajados en una planta de medicina interna). No me sirve la excusa de la crisis y las plantillas mermadas, no me sirve de explicación que haya una insoportable presión asistencial, no me sirve que haya alguna organización sindical empujándonos a darnos un tiro en el pie invitándonos a dejar de registrar en los soportes informáticos con la peregrina idea de que así le hacemos daño a esos jefes que nos tratan tan mal.

Mucho buscar excusas en retorcidas campañas de acoso de "los otros", en la manida violencia horizontal, en la falta de estímulo de nuestros lobbies o en los incontables techos de cristal (algunos reales y otros inventados) que nos impiden crecer cuando es la propia profesión la que hace canibalismo de sí misma.

Por mucho que nos inventemos otro #theCofiaDay, por mucho que nos esforcemos en la campaña #EnfermeriaVisible o volvamos a lanzar un #Happytobeanurse... no iremos a ningún sitio si no reconocemos que el enemigo está dentro.

Es la propia enfermería de base, alentada de forma directa o indirecta desde muchos espacios o sillones, la que se está comiendo el futuro de la profesión.

Por eso mismo, #Yonopaso... Estos caníbales sobran en nuestros hospitales.


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miércoles, 7 de enero de 2015

Jefe, pare que me bajo


Llevo varias semanas con esta entrada dando vueltas en mi cabeza. No sabía cómo enfocarla sin que fuera ágria o descorazonadora.

Sin embargo, leer la entrada de Salud con Cosas del primer día del año me sirvió para mejorar algo mi estado de ánimo. 

La cuestión es que llevamos tratando de cambiar el sistema desde hace ya mucho, y desde muchos roles diferentes. Y desde un tiempo a esta parte decidimos intentar cambiarlo desde dentro, hackearlo desde donde se toman algunas decisiones

En este corto periodo hemos tratado de hacer las cosas de otro modo. De proponer, de protestar, de gestionar de una forma diferente. Aún con lagunas, en nuestro entorno de responsabilidad algunas cosas hemos conseguido. Al menos esa es la sensación que tenemos.

El problema es que por mucho que propongas, inventes o innoves, al final hay muchas decisiones que vienen impuestas y en las que hay poco margen de mejora o negociación. 
Y como ya estás dentro, eres una pieza más de una maquinaria que no tiene ni tus inquietudes ni tus preocupaciones y que, incluso a veces, toma decisiones radicalmente enfrentadas con tus principios más inquebrantables.

La más importante de éstas son aquellas relacionadas con aquello que ya comentamos aquí en septiembre del 2012. Decíamos que vendrían tiempos duros... en este periodo hemos seguido criticando la forma en la que se hacían los recortes (sí, dejemos los eufemismos, los ajustes son recortes) en entradas como ésta o ésta y aún así hemos seguido dentro, tratando de cambiar el sistema poco a poco, sin desfallecer.

En este periodo de recortes, los que más los hemos sufrido hemos sido las enfermeras. Nosotros lo hemos dicho más de una vez pero quien mejor lo ha expresado ha sido Paco Pedro García-Fernández en el blog de los amigos de Cuidando en estas dos magníficas entradas. Y seguíamos ahí, contaminando a más gente, dispuestos a seguir hackeando el sistema.

Pero nunca pensamos que llegaríamos a la situación vivida este pasado diciembre en los dos hospitales (1 y 2) del área. Que conste que no solo ha pasado en nuestro entorno. Casi todos los hospitales andaluces han estado al borde del colapso (en Málaga, en Jaén, en Sevilla o en Granada) o directamente se han colapsado como el caso del hospital de Jerez.

Afortunadamente, gracias al esfuerzo de los profesionales, esos que llevan recortados todo el año o esas de los patines rojos que contaba Serafín Fernández en su blog, los pacientes lo han notado poco. No lo decimos nosotros, lo reconoce la Delegada de Salud de Córdoba, aunque nadie sabe cómo se le devolverán las horas extras a los profesionales.

Pero el sistema no puede sostenerse solo gracias al esfuerzo y compromiso de la gente. Hemos llegado a un punto en el que al personal no se le puede pedir más. Al menos nosotros no tenemos autoridad moral para pedirles más.

Solo haciendo cambios profundos, cambios que afecten a todas las categorías basados en datos que midan productividad y eficiencia, cambios duros que requerirán decisiones complejas y controvertidas. Solo así podremos salir de este callejón sin salida.

Si estos cambios no se producen, seguiremos en una espiral mortal hacia el más oscuro de los abismos.Pero a ese abismo no queremos ir. Sobre todo, no queremos ser parte de ese desvarío. 

Queremos algo mejor. Si ese es el camino que elige nuestra organización, nosotros nos apearemos y volveremos a las trincheras con todo lo aprendido como mochila y esperando un momento mejor para seguir transformando el sistema.

Si esa es la decisión... nos bajaremos en marcha de esta locura.


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