miércoles, 17 de julio de 2019

El día de la Bestia


Han sido varios meses sin publicar sí... pero eso no significa que no sigamos siendo lectores voraces y seguidores de nuestra realidad sanitaria. 

Y hay que reconocer que esto se ha convertido en un no parar de noticias. Unas aparentemente muy buenas y, como contrapeso, otras muy malas.

Vivimos tiempos controvertidos para la profesión enfermera. Momentos que lo mismo nos hacen albergar grandes esperanzas para el futuro próximo que momentos ténebres y de tremenda oscuridad que nos pronostican un futuro terrorífico.

Lo mismo nos desayunamos con un fantástico editorial de El Pais donde hace un alegato a la necesidad de dar más visibilidad y mas responsabilidad a nuestra profesión que nos merendamos con que el sindicato médico de Valencia alerta a la ciudadanía sobre el riesgo de que prescribamos los productos que usamos diariamente pese a que en Andalucía lo venimos haciendo diez años sin que pase absolutamente nada (bueno si, que se ha mejorado la eficiencia del sistema pero eso parece que no cuenta).

Nos levantamos con la propuesta de nuestros insignes representantes de dotar al gobierno de España con una enfermera jefe y con 17 representantes equivalentes en cada comunidad autónoma y al momento nos bajamos de la nube al pensar que en Andalucía, el Director General de Cuidados es un educador social y no ha pasado nada y de nuevo al momento recuperamos la ilusión al ver que, al menos en algunas CCAA, si nombran a enfermeras para ser responsables como el caso de Baleares donde una enfermera será consejera y otra será Directora General de Salud Pública para volver a derrumbarnos al leer que apenas hay enfermeras en puestos directivos o de alto nivel por mucho que la iniciativa #NursingNow pretenda lo contrario.

Lo mismo vemos con optimismo que un eurodiputado español reclama en el Parlamento Europeo mejores condiciones para las enfermeras que, al momento, nos damos cuenta que nuestra realidad es terrorífica y muchas enfermeras tienen una situación muy precaria que mucho tiene que ver con nuestra invisibilidad o de la falta de una propuesta seria para la dotación adecuada de las plantillas de los centros sanitarios por mucho libro blanco que presente el CIE o artículo de primer nivel que publique Linda Aiken.

Seguro que la mayoría de las enfermeras no se han percatado. No han visto las señales que nos han ido adelantando, los signos de que algo va a cambiar próximamente. 

Pero nosotros lo tenemos claro. Hemos visto más allá de las noticias sueltas. Hemos visto en el global de la situación. Y no hay otra conclusión posible. Está meridianamente claro que pronto llegará el día en que nada será como antes. No sabemos cuando pero se acerca peligrosamente la apocalipsis enfermera. Una especie de implosión global

Muy posiblemente a la mayoría las pillará desprevenidas, a las seniors las pillará de vacaciones, absortas en sus cosas y sus familia, muy posiblemente a las más jóvenes las pillará quejándose de la mierda de turnos que les han tocado o la mierda de contratos que tienen, a muchas otras las pillará "postureando", a todas ellas las pillará ajenas de lo que se avecina.

Así que estais avisadas... Que sepáis que se avecina nuestro Día de la Bestia.

Si es hoy, a nosotros posiblemente nos pille de cervezas en la feria... ;-)



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sábado, 6 de abril de 2019

Arsénico por compasión


Hace ya muchos meses que no me asomaba a mi blog. Los quehaceres diarios y las nuevas obligaciones asociadas al camino iniciado en la política local no dejan tiempo suficiente para escribir nada lo suficientemente interesante.

Pero la reciente noticia del fallecimiento de Mª José Carrasco con la imprescindible ayuda de su marido y el debate posterior, cargado de mezcla interesada de conceptos, de connotaciones morales, medias verdades e incluso falsedades, me han motivado a escribir esta entrada.

No es la primera vez que en este blog hablamos sobre muerte digna. Ya lo hicimos en "Doctor, yo solo quería..." una de las entradas más visitadas y con más comentarios de este blog donde contábamos la historia de un paciente vivida en primera persona.

Y posiblemente tampoco sea la última porque el debate será largo. Un debate demasiado cargado de política y, sobre todo, de peso de una moralidad que sigue queriendo ser el baluarte de la quitaesencia cristiana europea.

Pero el debate no es (o no debería ser) un debate sobre el sistema sanitario, sobre como atender o que hacer con los pacientes paliativos o en situación terminal, ni siquiera es sobre moralidad de cada cuál. El debate debe ser sobre la libertad individual.

No es posible que, en el mundo en el que vivimos y con las libertades de las que disfrutamos en general, el estado siga siendo el que determine si una persona es libre de decidir en su intimidad y con el acompañamiento de sus familiares si quiere dejar de vivir por las razones que sean. Porque una vez que alguien lo ha decidido, y llegar a esa decisión no es nada fácil, la vida ya no merece la pena ser vivida. 

Tampoco es lógico que el estado persiga a un familiar por haber colaborado o ayudado en el, posiblemente, tránsito más complicado y trascendente de la vida y la máxima expresión de amor que exista como es facilitar el descanso de un familiar dejando en un segundo plano el egoísmo y el dolor por la pérdida.

Un estado garantista y "humano" - esto si que sería humanizar los cuidados - debería asumir como una obligación ayudar en ese difícil tránsito a quién libremente elija tomarlo. Este corto texto de Carlos Boyero lo expresa estupendamente.

Será nuestra responsabilidad, como profesionales sanitarios, que el debate no se escore de lo esencial. No permitamos, al menos no los sanitarios que llevamos muchas historias personales de pacientes en situación terminal a nuestras espaldas, que nadie retuerza el debate. 

Todos los sanitarios, de la ideología que seamos, sabemos que nada tienen que ver los cuidados paliativos, que tratan de mejorar la calidad de vida y tratar los síntomas refractarios de la enfermedad en quién quiere seguir viviendo,  ni la limitación del esfuerzo terapéutico o diagnóstico, que tratan de limitar el daño ocasionado por un sistema sanitario diseñado para curar hasta el final, con la decisión individual de acabar definitivamente con el sufrimiento (en cualquiera de sus esferas) que provoca la enfermedad terminal, de tener una muerte dulce y digna.

Y será responsabilidad de los partidos progresistas aprovechar este momento para abrir un debate que hace años debería haber sido abierto en canal hasta ponernos a la altura de los países que han sido pioneros en la defensa de las libertades individuales.


PD. El titulo del post es un préstamo de una famosísima película de Frank Cappa.

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jueves, 1 de noviembre de 2018

Lideres con pies de barro #FanzinEnfermeria


Como en otras ocasiones, ha sido publicarse la noticia de la aprobación del decreto “Prescripción Enfermera” y se han disparado las conversaciones en la comunidad virtual enfermera, ya no solo el decreto sino sobre las especialidades, las ratios enfermera/paciente o los modelos de gestión.

Un enorme revuelo de conversaciones, reflexiones, post, dimes y diretes.

Sin embargo, parece que esas conversaciones, ese cruce de opiniones y posicionamientos no se
está produciendo en las enfermeras de base. Al menos yo no lo he visto en mi hospital ni tengo
constancia de que se esté produciendo en otros centros.

Y de nuevo esta situación vuelve a constatar la enorme brecha existente, ya no entre la enfermería de base y las élites representativas, sino también entre las bases que están en el 1.0 y esas nuevas élites que, casi sin capacidad real para influir en las decisiones que se toman en los despachos, debaten denodadamente en el mundo 2.0.

Obviamente, ésta no es una crítica al activismo dospuntocérico. Ni mucho menos. Llevo años en ese mundo participando activamente en cientos de conversaciones e iniciativas de activismo digital como este medio y soy un firme defensor del #EnfermerActivismo digital como herramienta para mejorar nuestra visibilidad.

Tan solo es una reflexión. Solo es una llamada de atención, un aviso para que no caigamos en la trampa de creer que en el dospuntocerismo encontraremos las soluciones a los eternos problemas de nuestra profesión.

Es cierto que la falta de referentes, que la inacción de nuestros “supuestos” representantes y su enorme distancia con los problemas reales de las bases sociales de la profesión, es un espacio vacío que es fácilmente ocupable desde las redes sociales con discursos atractivos, propuestas colaborativas y movimientos sociales de base digital.

Pero los nuevos y viejos “influencers” enfermeros no podrán (podremos) cambiar las cosas solo con grandilocuentes tuits o interesantes publicaciones desde el móvil o la pantalla de nuestro Mac. En muchos casos porque no es su “target” sino que la influencia la quieren para otros fines, muy respetables por cierto, como vender libros o tazas estilo Mr. Wonderful. Y en otros muchos casos porque, por su activismo, tienen poca capacidad para influir realmente donde trabajan o para participar en iniciativas y proyectos locales no digitales.

La clave está en ocupar ese espacio en el mundo “real” participando en actividades y proyectos locales y reales y convirtiéndose en referentes del mundo 1.0, pero aprovechando toda la potencia del dospuntocerismo como altavoz para compartir, participar y co-crear.

Mientras eso no pase, mientras el activismo enfermero 2.0 solo sea postureo, nuestra profesión seguirá en ese totum revolutum, en esa amalgama de referencias y referentes, de conversaciones interesantes pero intrascendentes, embarrada en un presente sin futuro.

Y sus nuevos referentes, esos que por iniciativa, voluntad, dedicación, pasión y número de seguidores están llamados a ser los líderes del futuro, serán líderes con pies de barro.


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jueves, 6 de septiembre de 2018

Pero... ¿y si sí?


Hace unos días, el amigo Manyez publicó una excelente entrada en la que comentada una revisión sistemática sobre los nuevos modelos de cuidados integrados. Las principales conclusiones de la revisión son las que ya hemos leído en otros sitios: mejoran la satisfacción del paciente, incrementan la calidad percibida y mejoran la accesibilidad.

Entonces, si parece que está tan claro ¿donde está el obstáculo para su desarrollo en nuestro entorno?

En el propio informe hablan de varias de las dificultades de implementación pero nos vamos a quedar con la de los coordinadores de cuidados o gestores de casos.

Porque posiblemente el principal problema en nuestro entorno sea ese. Es verdad que, como cuentan en esta entrada de Gestión Clínica Varela, lo de la dis-continuidad asistencial en los hospitales sea un problema estructural pero también es cierto que es más debido al predominio de un modelo médico-céntrico basado tareas y horarios asociados a la dinámica de los especialistas.

Por lo que, al final, volvemos al principio. la gran dificultad para redirigir el sistema hacia un modelo basado en cuidados integrados es un problema de las enfermeras y, sobre todo, del peso que las enfermeras tenemos en nuestro sistema.

Sin embargo, las enfermeras españolas seguimos en esa interminable cuita interna que dura ya demasiados años, en un infinito problema de indefinición que nos nos deja avanzar.

Seguimos sin deshojar la margarita de las especialidades como pudo comprobarse hace unos días siguiendo el debate entorno a este artículo de la Revista de la Asociación Enfermería y Salud que pone, negro sobre blanco, el esperpento de nuestra eterna indefinición o esta entrada del blog Enfermeras Comunitarias. Nosotros seguimos defendiendo la idea de huir del modelo de desarrollo biomédico y orientarnos hacia un modelo de carrera profesional orientado al cuidado. Ya lo dijimos hace unos cuantos años en esta entrada.

Seguimos empantanados en un poliédrico problema de representatividad y de representación,  de cainismo, de desunión entre universidades, asociaciones y de COE´s que para el grueso de la profesión sirven de poco, de representantes colegiales que se enrocan en sus poltronas o que directamente bordean la legalidad para mantenerse en el puesto. Un problema que necesariamente pasa por una renovación - de verdad - de la estructura supracolegial y un repensado de nuestro sistema de representación.

Nosotros no nos cansaremos de decir que, como hicimos hace relativamente poco, para poder transformar el sistema hacia un modelo basado en cuidados lo que necesitamos renovar los liderazgos de la profesión y situar a más enfermeras tomando decisiones, algo que hace unos meses dijo también Veronica Tiscar en este interesante artículo en la revista Nure, está entre los objetivos de la interesantísima campaña #NursingNow, de escaso calado en nuestro país, o lo dice la cita del libro El Futuro de la Enfermería que se utilizó hace poco en una conferencia del International Council of Nurses.


Así que, por ahora, parece que no seremos capaces de cambiar el sistema, ni para bien ni para mal, salvo que en algún momento seamos conscientes del poder y de la responsabilidad que tenemos en el futuro del sistema en su conjunto.

Por ahora no lo somos... pero ¿y si sí lo fuéramos?


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