miércoles, 15 de enero de 2020

El Milenarismo Enfermero ha llegado



En este 2020 este blog cumple 10 años y nadie podrá decir que no ha sido un medio de activismo enfermero. Así que nadie podrá pensar que no me parece bien que la OMS haya decidido que este debe ser el año de las enfermeras y matronasPero a este 2020 no termino de cogerle el punto. 

Obviamente no es que no piense que las enfermeras necesitemos más reconocimiento social o que estamos totalmente preparadas para asumir nuevas o más responsabilidades incluso políticas de salud como defendió hace poco Sergio Vallés. Mas bien lo contrario, los que leen este blog saben que llevamos años defendiendo esa idea y lo hicimos hace bien poco cuando criticamos la forma en la que se ha ido descafeinado la iniciativa NursingNow en nuestro país.

Pero lo que es sorprendente es que ahora, casi de golpe y porrazo y desde hace pocos meses, lo vea tan claro casi todo el mundo.

De pronto, por una especie de conjunción astral coincidiendo con el 2020, NursingNow, el nuevo gobierno, la declaración de la OMS y el 200 aniversario del nacimiento de nuestra veneradísima Florence, ahora resulta que todo el mundo se ha dado cuenta que las enfermeras somos la rehostia.

Ya no es solo que los expertos de la OMS se hayan caído del guindo de pronto y nos dediquen este año. Como expertos que son se están dando cuenta que por el camino que vamos, ninguneando a las enfermeras no íbamos a ningún lado.

Que The Economist nos dedique un artículo titulado "Florence Nightingale and the changing face or Nursing" o que The Lancet nos dedique un editorial donde piden que liberen todo nuestro potencial, como si fuéramos una especie de superguerreras de la Bola del Dragón o Jedis de la ultima estirpe Skywalker, no deja de ser oportunismo asociado a la iniciativa de la OMS. A ver cuántas enfermeras podrán publicar sus trabajos científicos en esa revista. Como son conscientes de ello, hasta nos ha cedido un numero especial para que recibamos el reconocimiento y soporte que merecemos y, de paso, que no nos quejemos.

Ahora de pronto, la enfermería y las enfermeras debemos estar superempoderadas y somos casi intocables. Casi como unas vestales del sistema sanitario. 

A nuestros próceres, esos que siguen haciéndose fotos en blanco y negro, ya hasta les molestan las canciones y las letras de Melendi e incluso se quejan al ministerio, como si el ministerio pudiera enseñar algo al pobre hombre de Melendi, al tiempo que nos revelan los superpoderes que debemos tener para ser las lideres del nuevo milenio (y que no tienen ellos, claro) o nos dicen que podemos ser gerentes de hospitales pero que no lo somos porque no sabemos que podemos (cuando la realidad tiene más que ver con el EBEP y las limitaciones de no haber peleado por adecuar esa norma a la realidad tras el Plan Bolonia).

Incluso tiran la casa por la ventana (con pólvora de rey claro) y nos organizan, textual, la mayor campaña de visibilidad de las enfermeras, con macrocongreso, concurso de fotografías y autobús (a lo HazteOir) incluidos.

El sindicato mayoritario, ese que lleva las siglas ATS en su nombre y que ahora le molesta tanto que nos llamen ATS que incluso se ha quejado al ministerio (mientras, supongo, preparara una especie de refundación para cambiar su nombre y ganar coherencia) va a pelear con todas sus fuerzas para sacar adelante que las ratios sean las mismas que en Europa, quiera decir eso los que quiera decir, porque lo importante no es ni el reconocimiento profesional, como se gestionan las plantillas o las capacidades de las enfermeras, sino que seamos suficientes. El mismísimo Victor Aznar, ese que dirigió ese sindicato 30 años y ahora dirige la Fundación FUDEN, cree que vamos por el buen camino porque en un municipio de 25000 habitantes han contratado enfermeras en los colegios. La Estrategia del Caracol la llama...

No descartéis que a mitad de legislatura nos sorprendan con otro autobús, verde esta vez, y algún macroencuentro que acabe con todos cantando Aquarius.

O sea, que tengo la sensación que este 2020 lo hemos empezado viviendo una transmutación general. Viviendo una especie de advenimiento enfermeril, una especie de profecía autocumplida, una especie de espíritu MrWonderfull llevado a la sublimación colectiva. Todos los problemas reales de la profesión, laborales, de representación y de reconocimiento, se habrán esfumado después del 2020. Una compañera se ha atrevido a hacer su particular carta a los Reyes Magos por si alguien se pierde en la lista de cosas que necesitamos.

Así que no puedo más que acordarme del visionario Fernando Arrabal y aquella antológica cogorza pública en un también antológico programa de Sanchez Dragó en el que todo el mundo hablaba con tremenda gravedad sobre el apocalipsis mientras que el visionario se hinchaba de chinchón y soplaba un matasuegras. 

Esta claro que el Milenarismo enfermero va a llegar este año y durará hasta el año 20 del siguiente siglo... o no.

De todos modos, lo mismo soy yo, que me voy haciendo mayor, más ácido, ácrata y descreído o directamente disparatado como Arrabal. Así que no me hagáis demasiado caso...


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Malamente #NursingNow




Esta entrada lleva en borrador unas cuantas semanas pero me resistía a publicarla. Es más, iba a ser mi propuesta para volver a participar un año más tarde en el número del Fanzine de NuestraEnfermería que acaba de publicarse. Pero algo dentro de mí me pedía darle una ultima oportunidad al movimiento que se inició hace unos meses en España pero que hoy siento ya como amortizado.

Cuando conocí la iniciativa Nursing Now hace más de un año, me pareció que era lo que la enfermería española necesitaba. El amigo Serafín explicó muy bien en que consistía la campaña en este post de su blog.

Todo lo relacionado con el famoso informe del Triple Impacto del Grupo Parlamentario de Salud Global que ha sido traducido recientemente por la gente de Investen-ISCIII (puedes descargarlo aquí) y los principios y objetivos de #NursingNow encajaban a la perfección con lo que, desde mi punto de vista, necesita la enfermería de este país. 

A mi me gustó tanto que incluso me atreví a escribir una propuesta, que envié a un grupo de enfermeras que me parecen referentes (como Ana Suárez, Fernando Campaña, Mª Paz Mompart, Zulema Ganzedo y unas cuantas mas), para que #NursingNow pudiera servir de palanca de cambio. Para que, aprovechando esa iniciativa, se pudiera crear el germen de un nuevo ente al estilo de la RNAO que nos representara más allá de la vetusta, oligárquica y, en muchos casos, anacrónica, estructura colegial.

Incluso hablé de ello con Adelaida Zabalegui cuando coincidimos en las jornadas de Enfermería y Liderazgo que se celebraron en marzo en Asturias. Ella fue la primera que me informó que, inexorablemente, #NursingNow debía ir asociada a la estructura colegial porque así estaba diseñada la campaña. De poco sirvió decir que la realidad representativa de nuestros vecinos anglosajones nada tiene que ver con la nuestra y que el Royal College of Nursing se parece al Consejo General de Enfermería lo que un churro a una castaña.

Comenzaron pronto a aparecer grupos provinciales y regionales de #NursingNow, algunos con mas que buena pinta y con muy buena presencia en redes y buenos referentes. Aún había esperanzas.

Pero cuando en mayo vi que el Consejo ya se había adueñado de la campaña, tuve claro que #NursingNow nunca sería lo que yo vislumbré.

Y así, poco a poco, todo mi optimismo y euforia se fue diluyendo como un azucarillo. Foto a foto, declaración a declaración, adhesión a adhesión, lo que inicialmente me parecía que tenia una potencia transformadora enorme se fue descafeinado hasta convertirse en una tisana.

Aún así albergaba esperanzas de que #NursingNow, sobre todo a través del reto Nightingale Challenge, aún sirviera para algo aunque fuera a medio-largo plazo.

Pero, cosas de la vida, el mismo día que Rosa Mª Alberdi, toda una referente para la enfermería española, daba un seminario de competencia política a alumnos de la Facultad de Enfermería de  la Universidad de Barcelona, se presentaba en Sevilla #NursingNowAndalucia.


La diferencia de ambas imágenes es abismal. Independientemente del hecho, nada baladí, de que no hubiera ninguna mujer entre las ponentes del evento - obviamente sin desmerecer a Jose Miguel Morales y Daniel Soto Prieto, que son enfermeras de reputada trayectoria y reconocido prestigio, la imagen de dos sexagenarios enarbolando la bandera de la renovación que supone #NursingNow es, como poco, deprimente. Una imagen trasnochada y, a la vez, alejadisima de la enfermería andaluza real, muy comprometida, con una altísima preparación cientificotécnica y, hasta hace no demasiado, modelo para las enfermeras del resto del país.


Y al final, uno no puede más que pensar en lo que pudo ser y finalmente no fue.  Como Dumbledore le dijo una vez a Harry Potter en una de las películasvendrán tiempos oscuros en los que habrá que elegir entre lo correcto y lo fácil. 

Las enfermeras hemos elegido lo fácil. Hemos elegido malamente.

Así que habrá que esperar a otra ocasión.




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viernes, 6 de septiembre de 2019

Un rayo de esperanza...

Tengo que reconocer que después de la entrada sobre La Disidencia, había entrado en un periodo de falta total de ideas para publicar. Andaba demasiado decepcionado con la política, con la profesión y con tanta actitud de sorber y soplar.

Lógicamente tengo también que reconocer que quizás he estado demasiado condicionado por la marcha a un nuevo destino de mi medio hermano, amigo, compañero y colega de ensoñaciones Carlos Núñez. Son demasiados años de fatigas, proyectos, conversaciones y más cosas como para que el hueco que deja vacío no se note.  

Los dos llevamos años defendiendo la idea que las organizaciones pueden ser cambiadas desde dentro. Años defendiendo los principios de la #EticaHacker en la gestión. Muchas conferencias y cursos hablando de ese tema, de la necesidad de más presencia enfermera en las políticas y en la política. La última vez lo hicimos en Asturias en las I Jornadas Liderazgo y Gestión y que Teresa Pérez resumió aquí (hoy todo parece premonitorio)

Sin embargo, la realidad siempre nos pegaba en la cara. Cada paso hacia delante costaba un mundo cuando no suponía dar medio para atrás al poco tiempo. Cada adelanto con la prescripción, con la direcciones de unidad o cosas parecidas venia acompañada de la consabida contestación de la parte contraria (que no debería serlo).

Quizás por eso la llegada de #NursingNow y sus objetivos para el 2020, teóricamente según la OMS el año de las enfermeras, me parecieron una mas que interesante palanca para generar un cambio necesario. Una oportunidad para remover las bases de la profesión, generar nuevos liderazgos y dar los pasos necesarios para iniciar la necesaria transformación y modernización de las caras visibles (y decisorias) de la profesión.

Da igual que como dice este artículo, no existan razones objetivas para no reconocer la capacidad de las enfermeras en la alta gestión, España es un país tan particular... y la profesión enfermera está tan condicionada por la mediocridad de sus representantes y esa violencia horizontal tan propia y, a la vez, tan dañina... que lo que era ilusión poco a poco se fue convirtiendo es desesperanza. A cada nombramiento de una enfermera le acompañan una retahíla de comentarios y tuits poniendo en duda su capacidad o sus méritos y automáticamente condicionando ese nombramiento mas a su vinculación política que a su supuesta capacidad. Ya ni valoramos lo que hace unos años seria impensable y llegamos incluso a hablar de solo una enfermera cuando lo lógico es pensar que al menos es una

Y para terminar de arreglarlo, todo el verano viendo fotos de adhesiones a la campaña #NursingNow a la que acompaña habitualmente una pléyade de las viejas glorias de siempre que tan poco ayudan en el momento actual y que, casi sin pensar, se contrapone con la campaña Nightingale Challenge, también de Nursong Now, que pretende justo lo contrario, encontrar y formar nuevos lideres de la profesión.

En fin... que este mes de agosto no me sentía en mi mejor momento ni en el más optimista. 

Afortunadamente, los últimos acontecimientos, de alguna manera, me han ido reconciliando con la profesión, con la política y con el futuro cercano. 

Como comprenderéis, el nombramiento de Carlos Núñez como Subdirector de Enfermería del AGS Norte de Cádiz, pese a la sensación de vacío inicial, supone una enorme sensación de orgullo personal y profesional y, sobre todo, de justicia. Es el reconocimiento (quizás debería haber llegado antes y con un gobierno progresista) al tesón, al esfuerzo y a la demostración práctica de que otra forma de gestionar y tener buenos resultados es posible.

El reciente nombramiento de un troyano reconocido como Raúl Oliván como Director General de Gobierno Abierto e Innovacion Social del Gobierno de Aragón me hizo pensar que, aunque lo de la sociedad del sandwich mixto es una verdad como un templo, aún hay esperanzas... 

Pero lo que me ha terminado de reconciliar ha sido lo ocurrido en Asturias. la renovación y rejuvenecimiento de la consejería de salud con la inclusión de Rafa Cofiño pero, sobre todo, que de un plumazo, no solo una enfermera sino dos han pasado a formar parte de la estructura directiva de la consejeria de salud, con una dirección general, y de la consejeria de derechos sociales y bienestar, con la gerencia del ERA.

Y ya no porque conozca a Ana Suarez y Sergio Vallés y crea que son gente muy capaz, comprometida y solvente, sino porque, al fin, hay enfermeras en puestos de decisión ocupados por enfermeras no solo para enfermeras. Un matiz más que importante.

Estoy seguro que les irá de miedo y qué eso será bueno para todas las enfermeras.

Así que, después de un mes de agosto algo oscuro, comienzo septiembre con algo mas de optimismo. Dejaré de acabar hacia abajo para empezar a ver el camino a seguir...




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lunes, 12 de agosto de 2019

DISIDENCIA Y AUDACIA


Gracias a la Comisión Gestora por dejarme entrar en su casa. Antes de nada, decir que me declaro admiradora irredenta de estos chicos y de sus tremendas entradas, a veces mordaces pero siempre libres de mordaza, ácidas y con mucho imán y atractivo.  Un atractivo alejado de lo reverencial y con los pies en la tierra. 
En esta entrada nos hablan de un concepto clave en cualquier Organización, en nuestro entorno social y en la vida en general: La Disidencia. 
Hoy voy a arriesgarme a hacer una reflexión desde mi visión más plural. La que suelo practicar. La que vive entre la esencia profesional, la vida en gestión y la convicción política. La disidencia vista desde ese espacio donde se definen o se canalizan lo que llaman la CG, “postulados oficiales”.
Antes de nada, es importante que aclare lo que yo considero que es un disidente, su naturaleza motivada y su aura revolucionaria. Para ser disidente debes tener sentido de compromiso, de activismo y de progreso. Uno no es disidente si nunca se ha mojado. Por eso, y porque no siempre alcanzas  el objetivo por el que te mueves, muchas veces tiene esa clásica connotación de ruptura, de pérdida, de cabreo y de aislamiento. 
Saber que en algún momento ha habido ilusión por la participación, es una buena manera de identificarles y diferenciarles de los mal llamados profesionales tóxicos (sin objetivo claro en su clave de protesta) o de la disidencia controlada (los que surgen de esos planes de ingeniería social donde algunos líderes tradicionales, u otros, proponen canalizar y controlar las nuevas o viejas necesidades de la sociedad sanitaria). Aunque en mi bagaje académico nunca he estudiado como diferenciarles de una manera clara, en mi vida profesional sí lo he aprendido. La propia naturaleza del perfil disidente, tan pasional y concreto, hace que corra el riesgo de tener una vida corta. De ahí que la disidencia controlada puede ser un medio para muchos de pisar los brotes que surgen de manera espontánea. O, al contrario, que el brote tenga un crecimiento consensuado y colaborador, el contexto responda a reivindicación y haya oportunidad de cambio en el Sistema. 

La diversidad en las opciones está servida: a propósito de la vida del disidente, me encanta esta escena de La Vida de Brian. Cada uno que lo identifique con lo que quiera… ;).
De una particular manera, Juan Irigoyen se acerca a la razón de ser del disidente en esta entrada y concretamente en este fragmento: 
En no pocas ocasiones es difícil determinar la diferencia entre una disidencia, una resistencia, una posición crítica o una simulación. En cualquier caso, la disidencia es un atributo del sistema, que crea las condiciones para su incubación. Lo que se puede afirmar, sin lugar a dudas, es que las disidencias son fenómenos extremadamente productivos, en tanto que estimulan el pensamiento al establecer diferencias. En sociedades como las del presente, se puede afirmar que la disidencia es una precondición imprescindible para el cambio positivo. En ausencia de estas el sistema se encierra sobre sí mismo generando un clima pésimo y reforzando las ataduras sobre sus miembros. Así, la zona inalcanzable que rodea a cada uno de nosotros, se hace más sólida. Frente a un disidente solo cabe el elogio”.
Mientras los líderes no tengamos abiertas puertas y ventanas al conocimiento, a la crítica y la creatividad colectiva, y no sientan la obligación de que en el camino de la participación, los planes de impregnación son menos costosos, estaremos perdidos. Creo que la captación de nuevos gestores y el avance en formación sobre liderazgo en nuestro entorno de salud, debe dar un cambio exponencial para facilitar la detección de esa disidencia de horizontes francos, honestos y adecuados para el conjunto. Porque liderar para la libertad y la participación no significa reconocer tus fracasos, sino reconducir tus errores. No significa desalinearse de ese camino de “postulados oficiales”, sino hacerlo más grande y más honesto para que quepamos en equilibrio. Y tampoco es una pérdida de reconocimiento y respeto, sino de posicionamiento del líder detrás del colectivo profesional, para reconocer su expertía.  
Me gusta pensar que la disidencia, ese espacio creativo y progresista de la sociedad sanitaria, puede conservar su esencia si se impregna de lo institucional, y que el pragmatismo responsable no atrape el idealismo y la ilusión por el cambio. 
Algunos lo llaman audacia.

Ana Suárez Guerra
@anamarsu 



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