martes, 18 de octubre de 2011

RobinTweet y el Bosque de SASWood



Esta es la historia de dos shuflas, en otro tiempo proscritos, que habían sido invitados a la capital de la Corte a recibir una condecoración. El reino les iba a acreditar su condición de expertos (no se sabe bien en qué).

Pero para poder ir tenían que pedir permiso a la autoridad local de Gibralwood, el bosque donde se habían asentado definitivamente. Lo de acreditarse ya lo hicieron en otro tiempo y tuvieron más de un problema para acudir a la cita, aunque terminó solucionándose con alguna conversación y sentido común. Imaginaron que con el tiempo no volverían a pasar esas cosas...

Nada les hacía presagiar que volverían a tener los mismos problemas en los mismos términos. Sorprendentemente, el "pérfido" sheriff Guerrero de Nottingham, a través de su ayudante local, les denegó el permiso aduciendo que no existía licencia real para eso, algo evidente cuando las leyes del Reino eran todas anteriores a los actos de condecoración.

Muchas heridas mellaban los lomos de ambos shuflas como para amedrentarse por esta eventualidad, pero el desasosiego hizo muesca en sus almas perdiendo la esperanza de poder acudir. Ya conocían este tipo de actos y, aunque les hacía ilusión volver a salir de Gibralwood, sabían que, en el fondo, tampoco se perdían gran cosa.

Sin embargo, en los meses que habían pasado desde la ocasión anterior a esta, algunas cosas habían cambiado. Una de ellas es que les observaba y leía mucha más gente que cuando eran proscritos. Otra es que habían mejorado muchísimo en el uso de las flweechas, un nuevo tipo de flecha 2.0 que hacen que tus mensajes lleguen mucho más lejos.

Y así fue como una de estas flweechas, en la que se lamentaban de lo ocurrido, llegó hasta el corazón mismo de la Corte. 

Y esta flweecha provocó un gran tumulto. Y así fue como los que dirigen el Reino, acostumbrados a desentenderse de nimiedades periféricas, se hicieron preguntas ¿Cómo es posible tamaño despropósito? ¿Cómo puede promocionarse una iniciativa y censurarse al mismo tiempo? No encontraban respuesta a estas cuestiones ni a la de por qué tan kafkiana situación no había servido para mejorar el sistema en el pasado.

Y pensando en qué habían estado haciendo para no ver todo esto, cayeron en la cuenta y se hicieron una gran pregunta...¿Se repetirá esta situación en otros bosques y lindes? 

Ante la posibilidad de que la respuesta fuera afirmativa y siendo conscientes de que, en el fondo, han sido co-responsables de tan esperpéntico espectáculo, decidieron emitir un edicto desde el mismo corazón de la Corte otorgando un salvoconducto, no sólo a estos dos shuflas, sino a todos los asistentes al acto de condecoración. 

Un edicto que supone un prosaico y plebeyo puntapié en el orto de todos los sheriffs, caudillos, califas, jefes y jefecillos que, lejos de entender que sus conciudadanos obtuvieran una condecoración supone algo bueno para la comunidad, lo entienden como un problema, provocando que los permisos se denieguen ipso facto.

Pero ahí no acaba esta historia, ya que el mismísimo delfín de la Reina envió una misiva directa a los shuflas en una muestra de reconocimiento implícito de la responsabilidades derivadas de llevar mucho tiempo mirando desde lejos. En ella les agradecía y reconocía el esfuerzo por la acreditación, aunque también los esfuerzos por mejorar el Reino desde lo más profundo y alejado.

Y como no podía ser de otro modo, los shuflas contestaron a la misiva con un agradecimiento al detalle, y aprovecharon para hablarle de actitud y de pronósticos reservadosY aseguraron que, mientras queden flweechas, argumentos y energías seguirán intentando mejorar el Reino aunque sea desde su lejano bosque de Gibralwood.


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